Fraile dominico y pintor, nacido en Quito en 1556 y fallecido en esta misma ciudad en 1621, formó parte de una familia de nueve hermanos, fruto del matrimonio formado por Pedro Bedón y González de Agüero y Juana Díaz de Pineda. Cuentan sus biógrafos que, siendo niño, ya vestía el hábito de la Orden de Predicadores. Lo cierto es que ingresó en los dominicos en 1568. Dos años después, comenzó en Quito sus estudios de seminarista, prolongados en Lima, la ciudad donde completó esta formación filosófica y teológica. Guiado por tan profunda vocación religiosa, se ordenó sacerdote en 1577, y muy pronto se distinguió por su postura favorable a las comunidades indígenas, a las cuales defendió en repetidas ocasiones, adoptando en esa actitud principios inspirados en la doctrina de Santo Tomás.
Por otra parte, el frondoso intelecto de Bedón se manifestó en su trayectoria como profesor de Filosofía y Teología en Lima. Además de fundar en esta capital la Cofradía de Indios, también se interesó por el arte sacro, disciplina en la cual fue instruido por Mateo Pérez de Alesio. Sus cualidades en esa actividad también debieron de animarse gracias a su contacto con otro pintor de genio, el italiano Bernardo Bitti. En 1587, de nuevo en Quito, Fray Pedro Bedón alternó los quehaceres religiosos y doctrinales con la pintura. De hecho, llegó a contar con un grupo de discípulos entre los cuales destacaba el indio Andrés Sánchez Gallque.
El incidente de las Alcabalas, ocurrido en 1592, motivó que el religioso viajase hasta Nueva Granada, donde dejó varias muestras de su arte. Hábil en la pintura de caballete, el muralismo y la iluminación de libros, el padre Bedón desarrolló una carrera muy fructífera, sobre todo tras su vuelta a Quito. Entre sus creaciones más celebradas figuran las pinturas sobre vidrio que dedicó a la Virgen de los Dolores y a la Virgen del Rosario, expuestas en el convento de San Francisco de Lima; los murales que llevó a término en el refectorio de los conventos de Nuestra Señora del Rosario, en Tunja, y de Santo Domingo, en Santafé de Bogotá. Buen conocedor de la devoción popular y devoto de la Virgen del Rosario, Bedón solía acompañar su figura con las de Santo Domingo y San Francisco, cuya presencia venía a simbolizar los vínculos existentes entre dominicos y franciscanos.
De su intensa labor pastoral nos han llegado numerosas referencias. A él se debe la construcción de la quiteña capilla del Rosario. Asimismo, fundó el convento de la Recoleta de Quito y también la Recoleta de Nuestra Señora de la Peña de Francia. En 1618 fue elegido provincial de los dominicos, responsabilidad que asumió hasta su muerte.
Su amor por la cultura indígena quedó de manifiesto en diversos detalles. Dominó la lengua quichua, escribió el libro Modo de promulgar el Evangelio a los indios de estos reinos e Instrucción para la administración de los Sacramentos a los naturales de este Nuevo Mundo, e incluso llegó a plasmar su ánimo de proteger a los indios en una carta que dirigió en 1598 al rey de España.