Tanto Pucará de Rumicucho como el cráter del volcán Pucará de Pululaua se encuentran en las cercanías de la Ciudad Mitad del Mundo y a sólo unos cuantos kilómetros de Quito. El vocablo quichua pucará significa fortaleza o lugar fortificado, lo cual quiere decir que ambos lugares muy posiblemente eran fortines militares precolombinos que, como todos ellos, se situaban en lugares elevados, desde donde también se podía realizar una vigilancia estrecha sobre el terreno.
Muy comunes en el área andina ecuatoriana, se sabe hoy que el Pucará de Rumicucho fue construido por los incas como una edificación de avanzada, con el propósito de penetrar en los territorios de los Cayambe, Cochasquí y Caranqui, pueblos autóctonos que ofrecieron una dura resistencia a los invasores incas.
Hoy el Pucará de Pululaua es un fértil y hermoso valle, dedicado a las labores agropecuarias, mientras que el Pucará de Rumicucho es un sitio arqueológico, dedicado al estudio y a la investigación.
Rumicucho formado por los vocablos quichuas Rumi (piedra) y Cucho (rincón) fue hasta mediados de la década de los setenta un lugar abandonado, convertido en botín de los saqueadores de tesoros antiguos.
Sin embargo, el Museo del Banco Central del Ecuador tomó el control del lugar, logrando realizar una amplia investigación y restauración hasta 1995.
A través de una administración conjunta, hoy Rumicucho está cuidado por la Cooperativa Agrícola 29 de Junio Rumicucho, propietaria del terreno, y por la Fundación Libertad, que promueve desde 1996 la difusión, conservación e investigación de los bienes culturales ecuatorianos.