Las numerosas, monumentales y ricas construcciones religiosas que se levantaron en la capital ecuatoriana después de que los conquistadores españoles la refundasen determinaron sus rasgos geográficos e hicieron que se convirtiera en el principal centro religioso de la Real Audiencia de Quito. De esta manera, Quito se hizo, al decir de un cronista, la capital espiritual de un territorio que se extendió más allá de sus propios límites.
Se instalaron las principales y más poderosas órdenes religiosas de la época, al mismo tiempo que se irradiaba desde aquí uno de los puntales de la conquista española: la evangelización católica de los nuevos territorios.
Era, pues, un hecho que no pudieran faltar los edificios centrales de este nuevo mapa político, como el Palacio Arzobispal, en la Plaza Grande de la ciudad.