La conquista había dejado a muchas mujeres viudas y a otras huérfanas. Los conventos surgieron para darles cobijo y protección a las que quisieran entrar. Para esto intervinieron las viudas ricas, el Cabildo, la Audiencia y el obispo. Así nacen los conventos de Santa Clara y de la Concepción, entre otros. Ambos conventos cuentan con sus iglesias y con sus obras de arte respectivas. Retablos, artesonados, imágenes talladas, trípticos religiosos portátiles y otras pinturas de destacados maestros de la Colonia integran el aporte decorativo del conjunto.
Por otro lado, cabe destacar la presencia reiterada de una de las representaciones propias de la devoción quiteña y ecuatoriana: la Divina Pastora. Casi siempre tocada con sombrero y portando un cayado, esta figura cuida un rebaño que viene a simbolizar el modo en que la Virgen María protege a los fieles cristianos.