Centro Virtual Cervantes
Artes

Ciudades Patrimonio > Quito > De paseo > 3. Iglesia de San Agustín
Quito

3. Iglesia de San Agustín

Galería de imágenes

La orden agustina llegó a Quito antes de 1569. Más de quince años después se registra su instalación definitiva, encargándose el arquitecto extremeño Francisco Becerra de realizar los planos y hacer los cimientos tanto de la iglesia como del convento.

A partir de 1606, el arquitecto burgalés Juan del Corral se ocupó de continuar las obras. La imponente y rica fachada de la iglesia se construyó durante diez años en los que tuvo que pasar por varias vicisitudes. Así lo expresa una inscripción puesta en ella:

«Año de 1660 a 27 de octubre reventó el volcán de Pichincha a las 9 del día. Año de 1662 a 23 de noviembre sucedió el terremoto. Esta portada mandó hacer (…). Comenzóse el año de 659 y se acabó el de 669».

Sobre esta fachada, escribe Julio Pazos Barrera que «las columnas, el frontón partido, las esferas, las piedras almohadilladas se han inspirado en la fachada de San Francisco, pero otros elementos denotan el barroco del siglo xvii, especialmente los adornos de hojas que cubren todos los espacios. Una gruesa torre de dos cuerpos se levanta a un costado de la fachada».

En este cuadro exterior de San Agustín tampoco podía faltar la historia colonial para hablar de su pasado. La calle de enfrente fue el escenario de un drama pasional de corte shakespeareano, protagonizado por dos enamorados de distinta condición social. El romeo, luego de haber conseguido fortuna y en vísperas del matrimonio de su amada con un encopetado castellano, se disfrazó de mendigo para recibir las dádivas de la novia, según se acostumbraba. Pero en lugar de estirar la mano para recibir la limosna, en esa calle de enfrente de San Agustín, el desairado joven clavó un puñal en el corazón de la muchacha. El amor concluyó así en crimen.

La distribución original de todo el conjunto de San Agustín comprendía la iglesia con sus nueve capillas, varios claustros, sacristía, enfermería, refectorio y jardines.

El interior de la iglesia guarda el esplendor de la mayoría de las iglesias principales de Quito. Sus artesonados, decoración, retablos y tallas siguen el riquísimo estilo de las iglesias más importantes de la ciudad. El claustro, realizado durante el siglo xvii, es descrito por Pazos Barrera: «dos galerías antiguas de columnas, de ritmos distintos, manifiestan la tendencia barroca. Joya de este claustro es su sala capitular. El arreglo de esta sala proviene del siglo xviii: una sillería tallada con primor, un artesonado de origen mudéjar adornado con pinturas de santos y un retablo dorado que presenta un calvario con un antiguo Cristo del siglo xvii. En este lugar se firmó el acta de la Junta Soberana de Quito, en 1809».

Entre los tesoros que ocupan el primer piso del claustro, cabe resaltar el cuadro de la Regla de San Agustín, sin duda el más notable de la serie dedicada a la vida del fundador que allí se expone. Mide ocho metros de alto por seis de ancho y Miguel de Santiago, uno de los pintores coloniales más reconocidos, empleó dos años en terminarlo.

Convento y museo de San Agustín

El claustro principal de San Agustín tiene en sus muros y techos riquezas artísticas de gran valía, que contrastan muchas veces con la austeridad y simplicidad decorativa de varios de la ciudad. Destaca la serie de cuadros que sobre la vida de San Agustín realizó uno de los pinceles más prestigiosos de la Colonia: Miguel de Santiago, quien los pintó bajo el patrocinio del padre Basilio de Ribera.

Como gran parte de los claustros quiteños, éste tiene un gran patio con una pila en el centro y una doble galería. Sin embargo, según asegura el crítico José Gabriel Navarro, «la composición de la galería superior marca (…) un movimiento arquitectónico nuevo en la arquitectura universal».

En la galería baja del claustro central de San Agustín está el hermoso artesonado de formas geométricas y decoración floral, que le hace calle de honor a las pinturas de San Agustín, separadas por estípites con busto humano. Hoy, parte de las construcciones antiguas empleadas en el pasado para claustros y otras instalaciones conventuales están destinadas al Museo de San Agustín.

Importantes obras artísticas en una construcción con más de cuatrocientos años de antigüedad forman el acervo de este museo. Allí se puede ver, entre otras, la serie de lienzos sobre santos de otro pintor colonial sobresaliente, Bernardo Rodríguez, quien los pintó en 1797; lo mismo que tallas de escultores tan admirados como Zangurima y Caspicara.

Sala capitular de San Agustín

Las salas capitulares de los conventos sirven a los religiosos para reuniones especiales de carácter interno, habituales o extraordinarias, y para prácticas rituales como la confesión. Pero la Sala Capitular de San Agustín es un aposento que va más allá de una instalación cualquiera.

Además de servir para las funciones antes señaladas, está llena de belleza artística y de riqueza histórica y material.

Realizada a mediados del siglo xviii, la Sala Capitular agustina es descrita por los especialistas de la Historia del Arte Ecuatoriano, publicada por la editorial Salvat, así:

«(…) primorosa decoración artística, con tribuna coronada por una concha acústica, el contorno de bancas superpuestas con los frentes y espaldares labrados en calado, el retablo del calvario que cubre todo el muro del testero y el artesonado de entrelazados geométricos con base de círculos, elipses y medallones con lienzos dispuestos en callejones paralelos, a lo largo de la techumbre, que remata en faldones decorados con la representación de santos y santas de la orden agustiniana».

Los decorados son barrocos y gran parte de los lienzos se atribuyen al famoso pintor Miguel de Santiago, aunque las pinturas del artesonado se cree que fueron realizadas por un pintor de apellido Espadaña, según documentos del convento.

La Sala Capitular agustina tiene aún más historia, luego de que allí se efectuara la ratificación del grito de Independencia con el juramento de la Junta Soberana de Quito, el 10 de agosto de 1809, y de que fuera la depositaria de los restos de algunos patriotas ecuatorianos, muertos un año después.

flecha a la izquierda (anterior) flecha hacia arriba (subir) flecha a la derecha (siguiente)
Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es