«Mantengan encendida una luz que siempre voy a volver». Esta frase dicha por Oswaldo Guayasamín, el más grande artista plástico ecuatoriano del siglo xx, se renueva todos los días para los miles de seguidores de su obra en todo el mundo luego de su muerte, ocurrida en Estados Unidos el 10 de marzo de 1999.
Nacido en el Quito de 1919, Guayasamín llegó a engrosar una humilde familia de diez hijos, en la que el padre buscaba que su hijo se hiciera profesional como sus otros hermanos, mientras los profesores lo sacaban de clase, víctimas de sus implacables caricaturas.
Su ancestro aborigen, la pobreza en que se levantó, el asesinato de un amigo, la revolución mexicana, las dos guerras mundiales, la guerra civil española, las crisis mundiales y nacionales van golpeando su sensibilidad artística, y, a decir de sus biógrafos, le hacen asumir una actitud ideológica que se refleja en su concepción artística.
Pintor y dibujante desde los nueve años, Guayasamín denuncia en su obra los sentimientos más crueles y más elevados del ser humano. Ahí están sus series Huacayñán o camino del llanto, La edad de la ira, La edad de la ternura, etc. Realiza exposiciones monumentales alrededor del mundo, pinta a los grandes del planeta, hace famosas sus pinturas de manos y rostros alargados, huesudos. Sigue trabajando incansablemente.
En 1976 crea con su familia la fundación que lleva su nombre, donando al Ecuador todo su patrimonio, con el que se organizan tres museos: arqueológico prehispánico, colonial y contemporáneo. Además, la citada fundación da origen a dos talleres, a una biblioteca especializada y a un auditorio.
Al morir dejó inacabado su más ambicioso proyecto: la Capilla del Hombre, catalogada por la UNESCO como «proyecto cultural prioritario para la humanidad».
A unos cuantos metros de la Fundación, que ya recibió el premio francés Memoria en 1991, se encuentra esta Capilla del Hombre, un memorial simbólico del hombre latinoamericano «desde el mundo precolombino, pasando por la Conquista y la Colonia, hasta el mestizaje contemporáneo».