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Quito

15. Capilla de Cantuña

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Independiente de la iglesia de San Francisco, la capilla de Cantuña se encuentra integrada a todo este conjunto monumental, pues se sitúa a sólo unos cuantos metros de ella sobre la fachada que da a la Plaza de San Francisco.

Compuesta de una sola nave cubierta con bóveda de cañón, su construcción se encuentra también ligada a ese doble linaje con que nació Quito: indígena y español.

Según cuenta la leyenda, cuando los conquistadores españoles entraron a Quito, no sólo Rumiñahui incendió la ciudad, sino que otros aborígenes se dedicaron a esconder los tesoros de los templos y palacios incas. Uno de ellos era el pequeño Cantuña, que no podía cargar con el peso que llevaba, así que cayó sobre una choza incendiada y allí lo encontró malherido un capitán español, Hernán Juárez, que lo llevó a su casa y lo educó.

Años más tarde, el protector de Cantuña se vio ante una grave situación económica, pero éste, agradecido, le dio parte de los tesoros indígenas. La fortuna fue heredada por Cantuña, que la acrecentó con nuevos tesoros. Ante tan inesperada riqueza y preguntado por ella, Cantuña dijo que el diablo se la había dado; fue llevado al Tribunal del Santo Oficio y defendido por un franciscano a quien prometió, en pago, la construcción de una capilla a su muerte. Hoy en el claustro franciscano hay una lápida que dice: «Ésta es la sepultura de Francisco Cantuña y sus herederos. Año de 1669».

Se sabe que a mitad del siglo xviii esta capilla ya estaba dedicada a la Virgen de los Dolores y que llevaba el nombre del indígena. Una antigua inscripción también indica que en ella se encontraba la cofradía de los pintores y escultores, dedicada a San Lucas, e integrada por miembros tan importantes como Bernardo de Legarda.

Señala Julio Pazos Barrera que:

«(…) el retablo principal cubre el testero. Tiene la forma de un arco coronado con conchas y volutas; en su centro aparece el Padre Eterno.

Más abajo se observa el Espíritu Santo en forma de paloma y en el centro se encuentra un Cristo rodeado de los personajes de la Pasión. El retablo es dorado y adornado con espejos. Cinco altares laterales barrocos y también dorados completan la decoración del templo».

La Cantuña, como la auténtica piedra preciosa quiteña que es, posee una gran riqueza ornamental y obras maestras de algunos de los principales artistas quiteños. Se custodian en ella las esculturas de San Pedro de Alcántara y de San Lucas, debidas al padre Carlos, y la talla del éxtasis de San Francisco acompañado por dos ángeles, creación de Caspicara.

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