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Quito

18. Basílica de la Merced

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El templo de la Merced comenzó su construcción al comenzar el siglo xviii bajo la dirección del arquitecto quiteño José Jaime Ortiz, según los planos del arquitecto extremeño Francisco Becerra.

Aunque la orden religiosa mercedaria no tuvo los abundantes recursos económicos de las más grandes llegadas a Quito —y por esta causa su imagen principal tuvo que quedarse en prenda un tiempo en Cádiz (España) y en Pasto (Colombia)—, la importancia de su construcción, de su historia y de sus obras artísticas no está de ninguna manera fuera de la riqueza religiosa de la que fue centro Quito.

La imagen original de la Virgen de la Merced de Quito fue donada por el emperador Carlos V, y después de su recorrido pidiendo limosnas para el templo quiteño, quedó definitivamente en Cádiz en la iglesia mercedaria de allí. La que hoy recibe la devoción de muchos quiteños no se sabe quién la talló.

Pero aunque se desconoce su autor, es un hecho que la piedra de su talla viene del Pinchincha y que su culto popular se remonta a la refundación española de la ciudad. A raíz de su invocación protectora contra los terremotos de 1575 y otros tres seísmos posteriores, se la conoció al principio como Nuestra Señora del Terremoto. A estas circunstancias catastróficas se debe que los devotos quiteños, agradecidos, celebren su fiesta anualmente.

Como todos los de Quito, el templo ha sufrido a causa de los fenómenos naturales. A diferencia de otras edificaciones, desgraciadamente ha tenido que reconstruirse al menos tres veces por los graves daños que ha sufrido.

Interior de la Basílica

En el interior de la Basílica de la Merced destaca la belleza de sus retablos, así como su claustro majestuoso de dos columnas. A la hora de diseñar los planos de la Basílica de la Merced de Quito, el arquitecto quiteño José Jaime Ortiz planteó, a grandes líneas, una réplica de la iglesia de la Compañía. No obstante, un análisis minucioso revela que no toda su construcción obedece al citado modelo.

Como en otras grandes construcciones quiteñas, el atrio y otras formas introducidas en el edificio general se hicieron para salvar los accidentes topográficos típicos de la zona. Por ejemplo, la fachada está escondida debido a la estrechez de la calle que pasa al frente.

En palabras de Julio Pazos Barrera, «el imponente claustro de dos pisos con columnas de piedra y arcos de medio punto es una manifestación del barroco del siglo xvii. El retablo mayor, dedicado a la Virgen de Mercedes, esculpida en piedra, es una versión de los retablos barrocos de Bernardo de Legarda. Sorprende el aspecto exterior, por las altas paredes y la esbelta torre pintados de blanco, así como el tambor que sostiene la media naranja. Sobre las cúpulas y los cupulines resplandecen las baldosas vidriadas, de color verde».

Según han resaltado diversos especialistas, en el decorado interior de la Merced aparece una novedad arquitectónica que habría de llevar mayor realce a otras iglesias: la columna salomónica.

Varios artistas y artesanos de elevado nivel estilístico intervinieron en los trabajos interiores del templo. Entre ellos figuran el escultor Uriaco, el famosísimo Bernardo de Legarda, los plateros Javier de Albuja y Vicente Solís, y un tallador, el maestro Gregorio.

En el retablo central, brillante por la hojilla de oro que cubre su talla, resalta la Virgen de la Merced de Quito, vestida de colores claros, ornada de joyas y con unos rasgos de gran perfección que delatan la típica creatividad quiteña, influida por las reminiscencias del modelo español.

Rematan el decorado que rodea la imagen dos banderas laterales, la nacional y la del ejército. Ello se explica porque la Virgen de la Merced de Quito, además de foco de la devoción popular, es la Patrona y Generala del Ejército Ecuatoriano.

La Basílica, así como el convento de la Merced constituyen uno de los conjuntos arquitectónicos más hermosos del arte barroco americano.

Convento de la Merced de Quito

En el claustro de la Merced en Quito hay bellísimos retablos que no solo adornan un espacio por lo general austero, sino que le dan a éste un realce especial.

En su elaboración intervinieron reconocidos artistas coloniales. Entre ellos figuran escultores como fray Juan de Aguirre y el indígena Gabriel Guillachamín, y el dorador Antonio Gualoto.

Si bien todos los patios de los claustros quiteños tienen fuentes muy bonitas en su centro, la del patio del claustro de la Merced tiene aspectos distintos e interesantes que requieren particular atención.

De tres cuerpos, la pila tiene forma de concha, lo cual hace resaltar el Neptuno que aparece más arriba y a través del cual salen los chorrillos de agua. Una graciosa figura geométrica remata el diseño de la fuente.

En la galería baja del claustro había veinte lienzos de los que tan solo quedan seis. En la galería superior hay 24 pinturas, atribuidas al hermano Hernando de la Cruz, que ilustran la vida y milagros de San Francisco Javier.

Las historias de la iglesia y el convento de la Merced relatan que los jesuitas, en el momento de su expulsión, entregaron estas pinturas a los padres mercedarios como pago de una deuda.

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