«Llevaba mis prismáticos. En la penumbra me puse a observar las casas del vecindario. Más allá se hundía la ciudad. Un congestionamiento de casas y edificios superpuestos, iluminados por luces amarillas y violetas que daban al conjunto una apariencia entre romanticona y festiva, con ese efecto final de resplandores rosados y celestes en las paredes blancas. Y aquello contra el negro de las calles, árboles, recovecos, y al mismo fondo del paisaje. Me gusta mucho mirar mi ciudad. La conozco íntegra. Tantos recodos, colinas y campanarios. Tantas pendientes y quebraduras. Tantas aristas. Miraba la ciudad. Vi unas cuantas ventanas encendidas».
Tomado de Abdón Ubidia, Sueño de lobos, Quito, Editorial El Conejo, 1986, pp. 14-15.