«Ya que la expresión no alcanza,
delicioso bello Quito,
para explicar esta ausencia,
supla siquiera el gemido.
(…)¿Cuándo volveré a habitar
esa ciudad, donde unidos
se ven, entre mil delicias,
dulcísimos atractivos?Esa ciudad, donde el cielo
gastó todos sus aliños,
como si plantase allí
el terrenal paraíso.Esa ciudad, donde el arte
supo excederse a sí mismo,
viéndose lo natural
junto con el artificio.
(…)Y porque estas quejas tristes,
que incesantemente envío,
en tanta distancia, el aire
no me las pierda maligno,copiado en mi fantasía
siempre estarás, Quito mío,
y en la región más remota
viviré siempre contigo».Tomado de Mariano Andrade, «Despedida de Quito al salir desterrado», en Los jesuitas quiteños del extrañamiento, Quito, Biblioteca Ecuatoriana Mínima, 1960, pp. 385-392.