Desde el 28 de agosto de 2002, Puebla de Zaragoza pasó a retomar el viejo y hermoso rótulo de Puebla de los Ángeles. No obstante, abundan en la ciudad los detalles que traen a la memoria el heroico proceder de nuestro protagonista, justificando así que durante tantos años figurase su apellido en el nombre oficial de Angelópolis. Por poner un caso, el Museo y Biblioteca General Ignacio Zaragoza reúne numerosos contenidos relacionados con el héroe y con la gesta que le dio fama: la Batalla del cinco de mayo de 1862 en la cual venció a los invasores franceses.
Zaragoza nació el 24 de marzo de 1829 en la localidad texana de Bahía de Espíritu Santo, hoy llamada Goliad. Recibió formación escolar en Matamoros y en el seminario de Monterrey. Animado por su progenitor, inició una carrera militar que iba a cobrar pleno sentido años después. Por estas fechas, la doctrina del destino manifiesto aún no había hecho estragos en el territorio mexicano, y Texas no pertenecía al mapa estadounidense sino al de su vecino meridional. Cuando el expansionismo estadounidense recompuso la geopolítica y la identidad nacional de esa tierra, el joven Ignacio se alistó en 1846 como cadete en el regimiento de húsares y combatió contra los norteamericanos. No sería su único mérito en las armas. Para continuar por esta senda honorable, intervino con el grado de capitán en la revolución de Ayutla, lo cual explica, por otra parte, la constante defensa que hizo este militar del ideario liberal. Cuando defendió la Constitución de 1857, recibió su nombramiento como coronel, y tres años después, obedeciendo el mando de Manuel González Ortega, desenvainó el sable en la batalla de Calpulalpan.
Una vez concluida la guerra de Reforma, Zaragoza ya era un flamante general. Aunque Benito Juárez lo designó ministro de Guerra en 1858, tuvo que abandonar esa responsabilidad para encabezar las tropas del ejército de Oriente como general en jefe. La razón es que habían llegado a Veracruz los soldados de una fuerza francesa que tenía el fin de dominar imperialmente el territorio mexicano. A pesar de la falta de medios que caracterizaba a los suyos, el gran militar supo organizar muy eficazmente los combates en las cumbres de Acultzingo.
Finalmente, pudo rechazar a los incursores en Puebla de los Ángeles, el 5 de mayo de 1862. Por desgracia, la vida es demasiadas veces injusta con los hombres de acción, y muy poco después, el 8 de septiembre de ese mismo año, un tifus acabó con la vida de tan épico personaje.
Igancio Zaragoza.