El Museo de la Revolución-Casa Aquiles Serdán (6 Oriente No. 206) expone diversos materiales relacionados con la biografía y la época de Aquiles Serdán. La exhibición queda más que justificada, pues la figura de Serdán sobresale entre las de otros mártires de la Revolución. Además, fue asesinado en este mismo lugar, el 18 de noviembre de 1910, tras combatir a lo largo de catorce horas con los policías y los soldados federales que lo acosaban. Sin duda, tal es la dramática razón por la que figura entre los personajes más destacados de ese tumultuoso movimiento histórico que acabó definiendo, en la plenitud de su pujanza, al México actual.
Al decir de sus biógrafos, Aquiles recibió una formación inicial en las aulas del colegio Franco-Anglo-Mexicano. A la muerte de su progenitor, el joven hubo de interrumpir estos cursos para colaborar en el sostenimiento familiar. En buena medida, este esfuerzo sirvió para ligar aún más al clan de los Serdán. De hecho, todos ellos compartían la misma vivienda: la madre, sus hermanos Carmen y Máximo, y el propio Aquiles junto a Filomena Valle, con quien había contraído matrimonio.
Al mismo tiempo que los Serdán progresaban dentro del gremio del calzado en los comercios de Puebla y Tlaxcala, el clima político nacional fue admitiendo nuevas tensiones, lo cual nos sirve para entender que estos hermanos, unidos asimismo en lo ideológico, se aproximaran con interés al Partido Democrático de Bernardo Reyes. Congeniando con el criterio de Francisco Madero, Aquiles puso en marcha la asociación «Luz y Progreso» y el semanario La No Revolución. Posteriormente, siempre en liza con las autoridades porfiristas, colaboró con Madero para fundar en 1909 la delegación poblana del Partido Antirreeleccionista.
Otras muchas decisiones lo aproximaron a la causa maderista, pero la más arriesgada fue la organización de una revuelta que debía tener lugar en Puebla el 20 de noviembre de 1910. Para su mayor desgracia, tuvo noticia de ello el gobernador. El 18 de noviembre una treintena de agentes de policía a las órdenes de Manuel Cabrera cercaron el hogar de la familia Serdán. Éstos optaron por defenderse con bravura y sin concesiones, hasta tal extremo que durante la refriega pereció el propio Cabrera. Como es obvio, ello indignó al gobernador, quien movilizó a cientos de policías y soldados para sofocar la incipiente revuelta. Al final, fueron cayendo los defensores de la casa. Pero la tragedia alcanzó su verdadero desenlace a las dos de la madrugada, cuando Aquiles, oculto hasta entonces en el sótano, murió acribillado a balazos.
Aquiles Serdán.