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Puebla de los Ángeles

Juan de Palafox y Mendoza

Entre los años 1640 y 1648, Palafox y Mendoza fue obispo de Puebla de los Ángeles, y sin duda ese periodo de su actividad eclesiástica es el que más nos importa, no ya por el celo que puso don Juan en dicha función, sino por el notable rastro que de ella nos queda en Angelópolis. Y aunque son numerosas las variantes de dicho recorrido, basta con indicar el poderoso interés del religioso navarro por los temas culturales y, simultáneamente, las orgullosas construcciones que le deben los poblanos de hoy. Puestos a sondear su figura, resalta el clásico estudio de Genaro García, Don Juan de Palafox y Mendoza. Obispo de Puebla y Osma. Visitador y Virrey de la Nueva España (México, Librería de Bouret, 1918). Minucioso coleccionista de documentos alusivos a la biografía del prelado, García atesoró un archivo que en 1921 fue vendido por sus herederos a la Universidad de Texas. Su catalogación no debió de resultar compleja, dado que el estudioso ya había confeccionado un cuidadoso listado general en los volúmenes de su Colección de documentos inéditos o muy raros para la historia de México (México, Viuda de C. Bouret, 1906). Gracias a esa mirada atenta, los modernos investigadores pueden hoy consultar manuscritos tan singulares como la Oposición hecha al progreso en las causas y procesos de la beatificación del vene. siervo de Dios el illmo. y rmo. sor. dn. Juan de Palafox y Mendoza. Fechado en torno a 1763, también ofrece gran interés el Memorial en la causa del v. siervo de Dios Juan de Palafox, Obispo Angepolitano y después Oxomense sobre la execuzn. del rescripto del 20 de Mayo de 1762 tocante a la nueva pesquisizn. general de escritos del sierbo de Dios.

Nada más natural que afinar la pesquisa, pues entre los restantes documentos de don Genaro custodiados por los bibliotecarios texanos cabe citar legajos tan sobresalientes como la Carta del p. provincial y p. p. de la [Cia] de Jesús de Castilla para el provinci[al] de la Nueba España. Sobre los pleytos [del] sor. Palafox. Obpo. de la Puebla de los Á[ngeles] (1647), el Govierno espiritual y doméstico del illmo. y exmo. sor. Don Juan de Palafox y Mendoza obispo de Osma (1659), la Relación verídica de lo acaecido en la ciudad de la Puebla de los Ángeles en el año de 1647 entre el ilmo. exmo. y venerable sor. Don Juan de Palafox y Mendoza, y los religiosos de la Compañía (1647-1648) y El v. sr. Palafox y los Jesuitas. Relación de lo ocurrido en Puebla por un testigo ocular (1647).

La biografía del personaje, como ya habrá advertido el lector frente a un anaquel tan repleto de información, merece figurar entre las más destacadas de esta galería. Curiosamente, esta gloriosa trayectoria tiene un comienzo más bien poco lucido, pues don Juan era hijo natural de Jaime de Palafox y Mendoza, a la sazón Marqués de Ariza. No mucho después de su nacimiento, fechado el 24 de junio de 1600 en Fítero (Navarra), la madre del futuro obispo, Ana de Casenate y Espés, decidió dedicarse a la vida monástica. Cumplidos los diez años, fue reconocido Juan por su progenitor, lo cual favoreció otras ambiciones que colmó en la madurez.

Si bien acarició la idea de emplearse definitivamente en el oficio de las armas, no tardó en descubrir una vocación que alternaba las inquietudes literarias y las religiosas. Tras pasar por las aulas de las universidades de Salamanca y Alcalá, comenzó a ascender en la escala institucional. En 1926 ya era fiscal del Consejo de Guerra y tres años más tarde lo fue del Consejo de Indias. Otras distinciones nos dan la medida de su habilidad cortesana e intelectual, así como de sus dotes como religioso en Palacio. Tesorero de la Santa Iglesia de Tarazona y visitador del Convento de las Descalzas Reales de Madrid, fue designado capellán y limosnero mayor de la hermana de Felipe IV, la infanta doña María, quien luego sería Serenísima Emperatriz en Alemania. Consagrado por don Agustín Espíndola, arzobispo de Compostela, Palafox recibió sus bulas episcopales. En 1639 lo nombraron visitador general de Nueva España, y con esa dignidad marchó al virreinato. Llegó a Isla Arenas, al norte de Yucatán, el 24 de junio de 1640. El 22 de julio cruzó los límites de Puebla y en dicha ciudad asumió la responsabilidad por la que es más conocido: obispo de Angelópolis.

Como visitador de los Ministros y Tribunales de Nueva España nombrado por Su Majestad, comenzó en octubre de 1640 los juicios de residencia contra los dos últimos virreyes: los marqueses de Cerralbo y de Cadereyta. El obispo y juez suspendió al virrey marqués de Villena en 1642 y lo sustituyó interinamente por cédula real fechada el 8 de febrero. El Rey también brindó a Palafox la oportunidad de ejercer el arzobispado de México, pero él puso la condición de que, al igual que sucedía con el gobierno del virreinato, sólo llevaría a cabo esa labor de forma temporal, a la espera de un sucesor idóneo. En junio de ese mismo año viajó a la metrópoli mexicana para tomar posesión de cuatro cargos: virrey, visitador general, arzobispo de México y obispo de Puebla. El 23 de noviembre cesó como virrey de la Nueva España, acogiendo en ese puesto a don García de Sarmiento de Sotomayor y Lima, conde de Salvatierra y marqués de Sobroso.

De otro lado, don Juan propició cambios importantes en la vida religiosa e institucional de los poblanos. A él se debe la fundación de colegios como el Tridentino de San Pedro, el de Niñas Vírgenes de la Concepción y el de Teólogos de San Pablo. Logró asimismo que se concluyeran las obras de la catedral, organizó una milicia, promulgó las Reglas y Ordenanzas del Coro y Constituciones para la Contaduría, y dictó reglas para el desenvolvimiento de las comunidades religiosas. Entre otras razones, esto último ayuda a explicar que mantuviera una polémica y prolongada discusión con la Compañía de Jesús, plasmada en las frecuentes cartas que remitió al Papa.

El 6 de mayo de 1649 partió con rumbo a la Península, donde ejerció dos responsabilidades principales: presidente del Consejo Supremo de Aragón y obispo de Burgo de Osma. Justamente fue en esta villa soriana donde murió Palafox en 1659. Premiando tantas virtudes como en vida demostró, su causa de beatificación se concretó en tiempos de Carlos III: el 12 de septiembre de 1767. No es casual, por otro lado, que el rey ilustrado también se enfrentase con los jesuitas, aunque en el caso del Venerable Juan de Palafox y Mendoza su desafío a la Compañía tuviese como indeseada consecuencia un gran número de sátiras y libelos que menoscababan su labor episcopal. Sobra añadir que las circunstancias de esta pugna político-religiosa sólo adquieren un verdadero sentido en la coyuntura histórica que las contextualiza.

Juan de Palafox y Mendoza

Juan de Palafox y Mendoza.

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