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Puebla de los Ángeles

Sor Juana Inés de la Cruz

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Cantillana, llamada desde 1669 Sor Juana Inés de la Cruz, nació a doce leguas de México, en San Miguel de Nepanthla el 12 de noviembre de 1648 —no en 1651, como se creyó durante mucho tiempo—, y pereció en el convento capitalino de San Jerónimo, el 17 de abril de 1695. Sin duda, mucho se ha escrito en torno a esta figura, no escasean los asedios más variados y abundan, por tanto, las monografías en torno a su genial actividad poética y dramática. Preferimos empezar por su penetrante interpretación de la cultura vigente en esa época, y dado que existen diversas categorías de lectura, hemos de concluir que esta escritora hubiera preferido acompañantes en esta faceta tan intensa de su actividad intelectual. «Cuando Sor Juana Inés de la Cruz —escribe Alfonso Reyes— se queja de no tener más compañeros que el tintero y la pluma para compartir sus estudios, sin duda echaba de menos esa mayor apelación a la retentiva que resulta de la lectura acompañada» («Categorías de la lectura», en La experiencia literaria. Ensayos sobre experiencia, exégesis y teoría de la literatura, Barcelona, Editorial Bruguera, 1986, p. 174).

Sin ahondar en rasgos que nos alejarían del marco poblano, queda explicada su presencia en esta galería a través de dos obras que enfocan la atención hacia Angelópolis. Dos obras que, como advertirá el lector, protagonizan momentos muy notables en la vida de esta escritora. Citamos en primer lugar los hermosos Villancicos que se cantaron en la Santa Iglesia Cathedral de la Puebla de los Ángeles, en los Maytines solemnes de la Purissima Concepcion de Nuestra Señora, este año de 1689. Y los escribia para dicha Santa Iglesia la Madre Juana Inés de la Cruz Religiosa Professa del Convento de San Geronimo de Mexico. Puestos en metro mvsico por el Licenciado D. Miguel Matheo Dallo y Lana, Maestro de Capilla de dicha Santa Iglesia. Fueron éstos impresos con Licencia en la Puebla por Diego Fernández de León en ese mismo año 1689, y dan la medida del fervor religioso del Barroco.

Obviamente, ofrece un mayor interés otro texto divulgado por el mismo impresor: la Carta athenagorica de la Madre Jvana Ines de la Cruz religiosa profesa de velo y Choro en el muy Religioso Convento de San Geronimo de la Ciudad de Mexico cabeça de la Nueba España. Que imprime y dedica a la misma Sor Phylotea de la Cruz su estudiossa aficionada en el Convento de la Santissima Trinidad de la Puebla de los Ángeles. En dicho texto, Sor Juana se adentraba en misterios de orden teológico, discutiendo lo explicado en uno de sus sermones por un jesuita portugués, el padre Antonio Vieira —Nota al margen: dice Elías Trabulse que el genuino receptor de la Carta no era Vieira, sino el antiguo confesor de Sor Juana, Núñez de Miranda—. Con todo, semejante atrevimiento de la escritora impulsó al arzobispo de México a recomendar a esta religiosa que dedicara mayor tiempo a la oración y la piedad, sin emplearse en sondear honduras menos inocentes. Curiosamente, había sido el obispo de Puebla, don Manuel de Santa Cruz, quien propició la edición de la Carta athenagórica ocultándose tras la máscara de esa ficticia Sor Phylotea que figura en el rótulo de la obra. Respondiendo a las palabras del cauteloso obispo —embozado tras el femenino seudónimo—, Sor Juana escribió la Respuesta a Sor Filotea (1691), a cuyo interés testimonial cabe añadir un matiz feminista que sorprende en fecha tan temprana.

Marcelino Menéndez Pelayo, un erudito citado profusamente en estas páginas —y de otro lado, bastante discutible en su valoración de la genial poetisa—, recuerda que las obras de Sor Juana comenzaron a ser recopiladas en 1689 por Juan de Camacho Gayna, con el apoyo de la Condesa de Paredes, quien había sido virreina de México y protectora de la escritora. El primer tomo de esta colección fue impreso en Madrid por Juan García Infanzón (1689) y lleva por título Inundación Castálida de la unica poetisa, musa dezima, sor Juana Inés de la Cruz, religiosa profesa en el monasterio de San Jerónimo de la imperial ciudad de México; que en varios metros, idiomas y estilos fertiliza varios assumptos, con elegantes, sutiles, claros, ingeniosos, utiles versos para enseñanza, recreo y admiración. La segunda entrega de las obras de Sor Juana salió de imprenta en Sevilla, en 1691, y se editó luego en Barcelona, en 1693, gracias al maestro Joseph Llopis. En 1700 llegó a los lectores el tomo tercero, publicado con el título de Fama y obras posthumas del Fénix de México, decima musa, poetisa americana, sor Juana Inés de la Cruz. La tirada tuvo su origen en la imprenta de Manuel Ruiz de Murga.

Dentro de un cierto prejuicio que la actual crítica ha sabido poner en su justo valor, subraya don Marcelino que, si se tiene en cuenta la atmósfera de pedantería y aberración en que vivió Sor Juana, la aparición de una personalidad como la suya tiene algo de sobrenatural. Es más: «su vivo ingenio, su aguda fantasía, su varia y caudalosa, aunque no muy selecta, doctrina, y sobre todo, el ímpetu y ardor del sentimiento, así en lo profano como en lo místico, no sólo mostraron lo que hubiera podido ser con otra educación y en tiempos mejores, sino que dieron a algunas de sus composiciones valor poético duradero y absoluto» (Historia de la poesía hispanoamericana, I, en Obras completas, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1940-1966, p. 68). Aún más rotundo se muestra Octavio Paz, para quien el primer gran poeta americano es esta mujer: «Su poema El sueño (1692) —añade— es nuestro primer texto cosmopolita; como más tarde Pound y Borges, la monja mexicana construye un texto como una torre —de nuevo la Torre de Babel—. En otros poemas suyos aparecen, como otro ejemplo de su cosmopolitismo, la nota mexicana y la mezcla de idiomas: latín, castellano, náhuatl, portugués y los dialectos populares de indios, mestizos y mulatos. El americanismo de sor Juana es, como el de Borges, un cosmopolitismo» (Los hijos del limo, en Obras completas I. La casa de la presencia. Poesía e historia, Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, 1999, pp. 558-559). Y así, con esta definición universalista cerramos un breve perfil para cuyo primer anclaje, quizá contradictoriamente, nos fue útil la particularidad poblana.

Sor Juana Inés de la Cruz

Sor Juana Inés de la Cruz.

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