Obispo de Puebla de los Ángeles, Fabián y Fuero nació en una localidad de la Guadalajara española, Terzaga, el 7 de agosto de 1719, y murió en Torrehermosa, villa situada en la misma provincia, el 3 de agosto de 1801. Disponemos de numerosos datos para entender la fortaleza de carácter del personaje. Quedó huérfano y un familiar lo llevó a Almazán, donde inició sus estudios académicos, prolongados luego entre los carmelitas de Calatayud y en el seminario de Sigüenza. Prosperó en las aulas. Tanto es así, que en 1743 llegó a ser rector universitario. Por mandato real, en 1755 fue nombrado canónigo de la Catedral de Toledo y abad de San Vicente.
Cuando en 1765 Carlos III lo designó obispo de Puebla de los Ángeles, decidió impulsar un plan intelectual, administrativo y eclesiástico que mejorase en todo sentido a la sociedad angelopolitana. Claro está, ese diseño imponía nuevas costumbres. De 1765 es su edicto acerca del voto de pobreza y la vida comunitaria en los conventos femeninos. Gracias a la indagación de Salvador Bernabeu Albert, sabemos que Fabián y Fuero dispuso del apoyo del arzobispo Francisco Antonio Lorenzana para eliminar los rasgos de mundanidad y lujo en dichos monasterios. No obstante, este propósito chocó con los deseos de no pocas religiosas y no fue totalmente llevado a fin hasta la llegada del nuevo prelado, Victoriano López Gonzalo, a cargo de la archidiócesis entre 1773 y 1786.
Parecida o mayor polémica ocasionó la expulsión de los jesuitas en 1767. De hecho, subraya Bernabeu que el obispo Fabián y Fuero había dispuesto la celebración del IV Concilio Provincial Mexicano pidiendo la disolución de la Compañía. De otro lado, esta postura beligerante tiene su contrapeso en una beneficiosa tarea cultural. No en vano, este religioso fue promotor de la Academia de Bellas Artes y de la Biblioteca Palafoxiana.
Gracias a tantos servicios como desempeñó a la Corona, asumió en la Península una responsabilidad que tampoco estuvo exenta de discusiones, acaso peores que las vividas en Puebla. El hecho es que lo designaron arzobispo de Valencia el 21 de noviembre de 1773, pero no sólo tuvo problemas con el entorno eclesiástico y universitario, sino con las autoridades civiles. Arrestado en su sede en 1794, huyó de Valencia y solicitó su renuncia al Papa en 1795. Tras su muerte, ocurrida el 3 de agosto de 1801, surgieron diversos escritos que pretendían resaltar los contraluces de esta figura tan notable como heterodoxa.
La Biblioteca Palafoxiana, promovida por Fabián y Fuero.