Presidente de la República Mexicana desde el 11 de diciembre de 1855 hasta el 30 de noviembre de 1857, Ignacio Comonfort nació en Puebla de los Ángeles en 1812. Cursó estudios en el Colegio Carolino de esta ciudad, pero el fallecimiento de su progenitor le obligó a dejar esa formación académica. Tomó las armas en 1832 para combatir contra la dictadura de Anastasio Bustamante. Por un acto de rebeldía, perdió el grado de comandante de la guarnición de Izúcar de Matamoros, aunque más adelante lo recuperó en Tlapa. Esta experiencia militar se vio interrumpida cuando lo eligieron diputado en 1842. La inestabilidad política hizo que Comonfort viajara del Congreso al cuartel en más de una oportunidad. Más adelante, acreditó su habilidad guerrera en 1847, en lucha contra las tropas estadounidenses.
Diputado electo en 1848 y senador hasta el año 1851, fue posteriormente administrador de la aduana de Acapulco y jefe de la guarnición de Acapulco. Se mostró activamente favorable al Plan de Ayutla, demostrándolo en el campo de las armas. Durante la lucha contra el general Santa Anna, tuvo que viajar a Estados Unidos con el fin de buscar apoyos para su causa. Una vez adquirido el equipamiento militar necesario, avanzó desde Huetamo a Zapotlán, Colima y Sayula. Tras la derrota de Santa Anna, llegó a la presidencia el general Juan Álvarez, quien designó a Comonfort ministro de Guerra. Al renunciar aquél a su cargo, este último ejerció tareas de presidente hasta 1857.
Sin aceptar el resultado de esta legalidad, las fuerzas conservadoras propiciaron un alzamiento que justamente fue cobrando fuerza en Puebla. Al frente de sus tropas, Comonfort entró en su tierra natal tras vencer a los sublevados. Muchas decisiones sirvieron para castigar el apoyo de los poblanos a la insurrección. De hecho, éste fue el cargo por el que se castigó al destierro al obispo de Angelópolis, Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos. Más adelante, una vez promulgada la Ley Desamortizadora del 25 de junio de 1856, el convento capitalino de San Francisco fue sede de otra conspiración y, ante las represalias gubernamentales, nuevas tentativas rebeldes fructificaron en otros puntos del país. El 5 de febrero de 1857 se hizo pública la nueva Constitución, y tras las correspondientes elecciones, Comonfort pasó a ser presidente de la República el 1 de diciembre de 1857, mientras que Benito Juárez ocupaba la presidencia de la Suprema Corte de Justicia. No obstante, el intrincado proceso político y conspirativo que siguió al Plan de Tacubaya malogró dramáticamente este equilibrio. Al final, Comonfort tuvo que marchar a Estados Unidos mientras que Juárez tomaba las riendas del país.
En liza con los incursores franceses, el veterano político y militar lució el grado de comandante y encabezó el ejército del Centro. Al frente de sus hombres, sirvió de refresco al general Jesús González Ortega, rodeado por entonces en la ciudad de Puebla. Tras una serie de escaramuzas y derrotas, Comonfort deseó gobernar a los soldados fieles que había en Querétaro, pero en el camino hacia Celaya cayó herido de muerte durante una emboscada que le tendieron los guerrilleros del conservador Sebastián Aguirre. Era el día 13 de noviembre de 1863.
Ignacio Comonfort.