Más de un lector se sorprenderá al hallar en esta galería poblana al poeta y prosista sevillano Gutierre de Cetina (c. 1517-c. 1557). La razón, por azares del destino, no se debe al hecho de que entre sus composiciones de metro petrarquista figure alguna alusión a Angelópolis, sino a un factor mucho menos feliz y un tanto embrollado.
Al decir de sus biógrafos, el escritor se hallaba en la Nueva España en 1554, y si seguimos la crónica con atención, descubriremos que cayó enfermo en Puebla de los Ángeles. Esa dolencia interrumpió la actividad que lo ocupaba por esas fechas: embarcar platerías con rumbo a la Península en sociedad con su tío, Gonzalo López, Procurador General de la Nueva España y unido en matrimonio con Antonia del Castillo, quien a la sazón era hermana de la madre del escritor. En este punto, cobra ventaja el lance folletinesco, pues el 1 de abril del citado año lo atacaron Hernando de Nava y Gonzalo Galeote. A través del estudioso Roncero López, sabemos que los atacantes confundieron a Gutierre de Cetina con su amigo Francisco Peralta, y probablemente las heridas menoscabasen de tal modo la salud del escritor, que éste pereció a los tres años. Lo confirma José María González de Mendoza en su artículo «Acerca de Gutierre de Cetina», firmado en marzo de 1954 (y luego impreso entre otros Ensayos Selectos por el Fondo de Cultura Económica). El erudito resalta, en este mismo tramo, la habilidad de don Francisco Rodríguez Marín, que «en 1905, en el Archivo General de Indias, de Sevilla, dio con el proceso seguido en Puebla y en la Audiencia de México contra Hernando de Nava, por las heridas que en la noche del 1.° de abril de 1554 le causó al poeta Gutierre de Cetina, cuatro siglos se cumplirán mañana, de fecha a fecha, y no exactamente de día a día porque ha de tenerse en cuenta la reforma del calendario en 1582». Explica el ensayista que Gutierre fue herido de dos cuchilladas en la cara por Hernando de Nava, quien según propio testimonio lo confundió con su rival en amoríos, Francisco de Peralta. Añade don José Luis que se ha puesto en duda «que el Gutierre de Cetina herido en Puebla en 1 de abril de 1554 fuese el poeta. No deja de ser significativo que se ignore la fecha, el lugar y circunstancias del fallecimiento de persona tan bien relacionada y principal. (…) ¿Falleció de resultas de sus heridas? Es muy probable, más que por la gravedad de ellas, por la septicemia que pudo producirle el lodo donde cayó al ser herido, cuando no se la produjese la estopa y los huevos batidos que le aplicaron a modo de curaciones.
Como se ve, el hecho de que pereciese en Puebla un poeta de esta magnitud justifica sobradamente su inclusión en nuestro recorrido, y nos permite, de paso, recordar algún elemento más de su figura. Según las anotaciones de Roncero López —quien a su vez resume estudios previos de Rafael Lapesa, Begoña López Bueno y Marcel Bataillon—, el poeta andaluz descendía de una familia poderosa. En torno a 1537 pasó por Valladolid y luego su carrera militar lo llevó hasta Italia, donde frecuentó la compañía de los príncipes de Molfetta. Entre los hechos de armas que jalonan su trayectoria figuran la expedición a Túnez de 1541 y el asalto a la fortaleza de Düren en 1543. Pero estas correrías aventureras nada tienen que envidiar a las ambiciones estéticas del personaje, más recordado por sus letras que por su espada. Y aunque las obras que abren su nebuloso catálogo son dos textos en prosa —Diálogo entre la cabeza y la gorra y la Paradoja en alabanza de los cuernos—, sabemos que la mayoría de sus páginas las dedicó a la poesía, sin duda con afanes italianizantes. Apenas si hace falta añadir que la calidad de sus madrigales no tiene igual en nuestras letras.
Pero volvamos a México, pues fue el tío de Gutierre, el antedicho Gonzalo López, quien lo acompañó allá durante su primer viaje transoceánico, en 1546. Según González de Mendoza, el 21 de septiembre «se le había otorgado permiso a López para hacer el viaje con dos sobrinos suyos. Ya en 1535 habían venido tres: García, Beltrán y Andrés. Después vino Gregorio. Se supone que Gutierre volvió a España en 1548 y retornó a México en fecha posterior». Treinta y un años después de aquel viaje inicial, se reunía en esas tierras el cancionero Flores de varia poesía, donde figuran piezas de diversos poetas españoles del siglo xvi; destacan las de Cetina (setenta y un sonetos, dos madrigales, tres octavas y varios otros poemas de metro diverso). Durante cierto tiempo, se atribuyó al escritor sevillano el mayor mérito de tal colección —uno más entre muchos escamoteos y oscuridades—. A ello deberían sumarse otros de sus escritos mexicanos, si es que los hubo en una cifra catalogable más allá de las comedias morales y profanas que figuran en su currículo. Es cosa frustrante, pero la tarea de los investigadores resulta de lo más ardua con este personaje. A las falsas atribuciones y las fantasmagorías bibliográficas hay que añadir los numerosos manuscritos desaparecidos que dificultan e impiden la hipotética recuperación de su obra ultramarina.
Gutierre de Cetina vivió sus últimos días en Angelópolis.