Como es fama, de todos los alarifes que brindaron su genio a la Ciudad de los Ángeles, el más sobresaliente es Francisco Becerra, acaso por haber participado como maestro de obras en alguna de las edificaciones más señaladas por su belleza. Nacido en la localidad española de Trujillo en 1545 y muerto en Lima en 1601, lo cierto es que Becerra desarrolló un repertorio estilístico sin el cual no puede entenderse cabalmente la estética religiosa del Virreinato. Obviamente, ello no es fruto de la intuición: quien le proporcionó los rudimentos de este oficio fue su progenitor, Alonso Becerra, gracias a cuya protección logró Francisco refinar su gusto por el modelo impulsado por el maestro Alonso Berruguete.
Deseoso de prosperidad y nuevas oportunidades, embarcó rumbo a Nueva España y muy pronto halló la fortuna: en 1573 le fue encomendada la construcción de la iglesia del Convento de Santo Domingo. Tras esta magnífica experiencia en la capital mexicana, pasó a Puebla de los Ángeles, donde se reunió en 1575 con el maestro de obras Juan de Cigorondo para acometer el diseño y obras de la catedral. Aunque las tareas fueron prolongándose por razones estructurales, administrativas y económicas, Becerra ambicionó que dicho templo reflejase una imagen de solemnidad y magnificencia, acorde con el trazado del Zócalo.
Junto a esta soberbia experiencia arquitectónica, el alarife español tuvo la oportunidad de poner en marcha otros proyectos de interés, como los conventos de San Agustín y de San Francisco, ambos alzados en Ciudad de México. En el entorno de Puebla diseñó los monasterios de Cuauhtinchan y de Totimehuacán, sencillos y sin embargo muy evocadores en su línea constructiva. Asimismo, dibujó con el mismo interés la traza exterior de convento de Tepoztlán.
En 1581 se instaló en el Virreinato de Nueva Granada y allá completó dos templos quiteños, los de Santo Domingo y San Agustín. A partir de 1582 habitó en Lima, bajo el patrocinio y la protección personales del virrey Martín Enríquez de Almansa. Entre las construcciones que ideó durante ese último periodo de su carrera figuran los fuertes del Callao, el Palacio Virreinal y las catedrales de Lima (1598) y de Cuzco (1598). Curiosamente, para delinear estos dos últimos trazados y algunos otros que los antecedieron, Becerra imitó el procedimiento que Andrés de Vandelvira había seguido a la hora de perfilar la catedral renacentista de Jaén.
Francisco Becerra diseñó la catedral angelopolitana.