Una de las colecciones artísticas más interesantes de Puebla, la Galería José Luis Bello y Zetina (ubicada en 5 de Mayo n.º 409, junto a la Iglesia de Santo Domingo) exhibe en sus salas obras de Gerardo Murillo Coronado y de José Agustín Arrieta. En el caso de que decida profundizar en las creaciones de este último, el curioso puede optar por recorrer la Casa Agustín Arrieta, pues en dicha mansión del siglo xvi, edificada en el centro histórico de la ciudad, habitó junto a su hermana este pintor que figura como uno de los principales artífices de Angelópolis. A iguales consideraciones se prestarían otros creadores, pero muy pocos serían capaces de acreditar el mismo afecto por la villa. Nacido el 29 de agosto de 1803 en Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala, Arrieta llegó a su hogar poblano con tan sólo cuatro años de edad. Poco importan los pasajes de esta mudanza: resulta más atractivo seguir al joven Agustín en su vocación.
Fácilmente se comprende su habilidad con los pinceles al nombrar a sus profesores en la Academia de Bellas Artes de Puebla. Entre otros, Salvador del Huerto y Julián Ordóñez animaron al joven pintor en su proceso formativo. Fundiendo en una sola corriente de inspiración los consejos de sus maestros y un brillo de aire intuitivo, probó suerte como retratista y la halló en cuadros como aquél que dedicó al general Ignacio Zaragoza. No obstante, resolvió mejor otro tipo de asuntos, más apegados a la cotidianidad poblana. De ahí que los estudiosos prefieran subrayar el interés de sus lienzos costumbristas. Otro género del que se apropió fue la naturaleza muerta, y por medio de ello descubrió ocultas bellezas y rasgos de melancolía que aún conmueven al observador.
Hombre bohemio y liberal, Arrieta reprodujo en sus óleos pasajes de valor sociológico, identificando en ellos lo más típico de la vida popular. Como vemos en algunas de sus entregas más conocidas, frecuentó la tipología de las chinas poblanas, pero también la de otros personajes de la noche. Ese afán casi documental fue admirado en las numerosas exposiciones que celebró en vida, tanto en la Academia de Bellas Artes de Puebla como en la Academia Nacional de San Carlos. Tras una vida intensa y fructífera, este memorable artista murió en su ciudad de adopción el 22 de diciembre de 1874.
El recuerdo de don José Agustín Arrieta nos permite citar a otro pintor poblano que le sucedió en la admiración de los aficionados locales: Daniel Dávila (1843-1924), instruido en la misma Academia de Bellas Artes de Angelópolis, de la que fue director entre 1885 y 1901. Enriqueciendo este currículo, Dávila intervino en la comisión mexicana que participó en la Exposición Universal de París de 1898.
«Pulquería», obra de José Agustín Arrieta.