Quien figura en el origen de este conjunto conventual es una dama que, tras enviudar, se desveló por las jóvenes apartadas del tránsito virtuoso. Con un temple de los que asomaban en el periodo virreinal, la citada benefactora ideó la fundación de un monasterio destinado a esas doncellas que deseaban abrazar una vida de retiro y oración. Así lo describe el elocuente Miguel de Alcalá y Mendiola, quien refiere cómo esta mujer, doña Jerónima de Gamboa, viuda de Serrano, compró unas casas para este efecto y allá se fundó el convento en 1620. No obstante, «por ser la iglesia muy pequeña y no haber por entonces para fabricarla, metiendo el hombro el señor don Florián de Reinoso, canónigo que fue de esta Santa Iglesia Catedral, se reedificó con limosnas de particulares, haciendo dicho señor muchos suplementos de su caudal hasta dejarla acabada con toda perfección y adornada de muy buenos y lucidos colaterales y mucho aseo en el divino culto, colocándose el año de mil seiscientos y sesenta y tres años, teniendo superior mandato para que no pasen sus religiosas del número de cuarenta y cuatro, manteniéndose con trescientos y treinta mil pesos de principal que hacen sus anuales réditos dieciséis mil pesos, teniendo su capellán y sacristán y demás sirvientes necesarios para su buen servicio» (Descripción en bosquejo de la imperial cesárea muy noble y muy leal ciudad de Puebla de los Ángeles, estudio introductorio de Ramón Sánchez Flores, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Dirección General de Fomento Editorial, 1997, p. 137-138).
Según queda dicho, la construcción se inauguró en 1663 gracias al mecenazgo de Florián de Reinoso. Al describir la portada del templo, ubicada en la fachada oriental, suele resaltarse su sobriedad y también un nicho de cerámica donde reposa la figura de Santa Inés de Montepoliciano. Llaman la atención el campanario octogonal y el clasicismo de la traza interior, no menos sencilla, pues la compone una sola nave, abovedada y con cúpula sobre pechinas. Sobre la reja del coro alto hay un notable abanico, y ahí mismo figura un lienzo de Antonio Reyes representando una alegoría del Triunfo de la Iglesia.
En lo que concierne al monasterio, cabe decir que aún se granjea un notable predicamento, no ya por la estética sino por lo benéfico de su actual uso, pues uno de los claustros alberga en la actualidad una residencia de ancianos.