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Puebla de los Ángeles

27. Fábrica de Talavera

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Al hablar de la artesanía ya mencionamos algunas cualidades del barroco talaveresco. Muchos son los monumentos que participan de esta ornamentación. Así, en el Museo Universitario-Casa de los Muñecos, la fachada exhibe azulejos de Talavera, y en ella se pueden admirar esos muñecos que, a juicio de algunos autores, caricaturizan a los enemigos políticos de don Agustín Ovando de Villavicencio, propietario de la vivienda. En el mismo tramo, también hicimos una breve mención de la fábrica Uriarte, pero su interés turístico y cultural propicia una visita más detenida a este taller de cerámica, hoy considerado el más antiguo de Puebla. Como sabrán quienes hayan participado en los recorridos guiados que por ella se organizan, esta fábrica permite distinguir cuál ha sido, desde hace siglos, el proceso de realización de la típica loza poblana. Un asunto éste, dicho sea de paso, que no escapa de la controversia y de alguna trampa que denuncian los especialistas. Véase cómo, al igual que sucede en todas las manifestaciones artesanales, no falta quien pretenda adulterar la cerámica para lograr un mayor provecho económico.

A grandes rasgos, aquello que distingue una pieza de Talavera es su color de fondo, el cual debe asemejarse al café verdoso. Resistente a las quebraduras y más bien opaca, esta cerámica luce en mayor medida una decoración azul y los dibujos adoptan rasgos orientales o precortesianos. Con todo, para mayor seguridad del comprador ocasional y del coleccionista, desde noviembre de 1998 existe un logotipo mediante el cual se indica la denominación de origen que usan los trece talleres poblanos protegidos por el Consejo Regulador de Talavera (CRTAC). Para acomodarse a la fórmula aprobada, la fábrica Uriarte y otras de importante tradición como Santa Fe y Talavera de la Reina perseveran en las maneras del Barroco. De ahí que continúen amalgamando barro blanco y negro, para pintarlo luego mediante colores minerales de alquimia casera, sin otra síntesis que la usada en tiempos de la Colonia; esto es, una sabia mezcla de tequesquite, vidrio molido, arenilla, antimonio, salmonete y piedra de riñón.

Ya indica su nombre que la loza de Talavera hereda sus formas de esa excelente cerámica de aire arábigo-andaluz que en España distingue a la población toledana de Talavera de la Reina. Al igual que sucede en este enclave español, el azulejo poblano recubre ambientes como la cocina o la entrada de la casa. Pero en la Ciudad de los Ángeles su empleo va más allá, y alcanza la fachada de los conventos y la cúpula de las iglesias, por mencionar tan sólo dos facetas de la arquitectura religiosa claramente vinculadas a esta cerámica. Por lo demás, si el visitante busca una recopilación de piezas notables, para mejor explicarse cómo se desenvolvió este legado artesanal, una de sus visitas más gratas será el Museo de Arte José Luis Bello y González.

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