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Puebla de los Ángeles

7. Convento de Santa Clara

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A través de una historia salpicada de zozobras, este monasterio ha ido ganando y perdiendo sucesivas identidades arquitectónicas, de tal modo que resulta punto menos que irreconocible la primitiva hechura de aquel convento que fue dedicado en 1642.

Precisamente por esa variable condición, resulta atractivo para el curioso, pues acumula distintos niveles estéticos que corresponden a las modificaciones de que fue objeto a lo largo del tiempo.

Tomando como referencia la Guía para el recién llegado a Puebla (Secretaría de Finanzas y Desarrollo Social del Gobierno del Estado de Puebla, 2002), sabemos que el tremendo seísmo de 1667 extenuó sus pilares y restó vigor a sus muros. Una vez evaluada su ruina, las autoridades resolvieron que un arquitecto debía poner remedio al destrozo. Con ese propósito, una ponderada distribución de contrafuertes y estribos sirvió para equilibrar las tensiones y asegurar la permanencia del recinto. Por desgracia, quizá ciertos dioses prehispánicos se complacen en vagabundear por este tipo de edificaciones cristianas, arruinando el oficio de los alarifes y maestros de obras cristianos. Cuando menos, esa interpretación legendaria merece el terremoto de 1711, cuyos efectos sobre el convento confirman un sentimiento de fatalidad.

Cuando fue dedicado nuevamente el 12 de agosto de 1714, el templo de Santa Clara lucía uno de los ingredientes habituales en las iglesias poblanas: una cúpula semiesférica, hermosamente cubierta de azulejos. Con razones más explicables que las esgrimidas por los terremotos, los planes de Juárez dieron al traste con las posibilidades de futuro de esta institución religiosa. En todo caso, aunque el recinto fue vendido a compradores particulares y se esfumó parte de su condición piadosa, aún conserva restos de su antigua opulencia. Así, el claustro de profesas ha llegado hasta nuestros días y hoy alberga un centro escolar. Un rastro menos evidente guarda relación con la dulcería. Dicha actividad, propia de las hermanas clarisas, es muy frecuentada por los numerosos pasteleros que ocupan los aledaños de Santa Clara. Cosa curiosa: otra razón para llegar a este lugar, situado en 2 Norte y 6 Oriente, es que uno de sus altares lo ocupa una imagen de San Antonio, según parece muy beneficiosa para los enamorados que son devotos de esta tradicional advocación.

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