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Puebla de los Ángeles

22. Ex Palacio del Arzobispado

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El Zócalo, por su misma naturaleza urbanística, distribuye un espacio donde se concentran varios de los complejos monumentales más interesantes de Angelópolis. En la Guía para el recién llegado a Puebla (Secretaría de Finanzas y Desarrollo Social del Gobierno del Estado de Puebla, 2002), hallamos varias sugerencias en este sentido. Una de ellas, y no la más llamativa por cierto, es el ex Palacio del Arzobispado, en cuya fachada, a modo de símbolo obispal, una serie de tableros de azulejos quedan ilustrados mediante los florones de azucenas que sugiere la emblemática religiosa.

Residencia de los prelados desde el siglo xvii, este palacio admitía en 1676 tribunales eclesiásticos e incluso una prisión para clérigos. Tras la reestructuración efectuada en 1792, las trazas del edificio adquirieron el aspecto actual, pero las Leyes de Reforma malograron los propósitos de diseñadores y ocupantes, pues ya no volvieron a residir acá los obispos. El texto citado detalla un buen número de cambios, en cierto modo reflejo del trasiego histórico que conmovía a la nación por aquellas fechas: entre 1861 y 1863 el edificio sirvió de sede gubernamental, desde 1914 su finalidad fue escolar y luego lo ocuparon las oficinas de Tránsito. A modo de colofón institucional, hoy sus muros alojan las instalaciones del servicio de Correos y Telégrafos.

A su manera, el Palacio aún representa el orden virreinal según lo concibió Juan de Palafox y Mendoza. Todo el edificio está invadido de esos detalles que nos recuerdan la estética novohispana, llevando el título de la artesanía poblana en los flancos más visibles. Y no es que el mundo de Palafox se reduzca a una engañosa proyección de valores arquitectónicos u ornamentales. Es evidente que la inspiración de alarifes, yeseros y ceramistas se acomoda en una rutina que también defiende un patrimonio espiritual, es decir, un estado de ánimo hereditario, claro signo de la historia de Angelópolis. El detalle entra así en la traza y encuentra su auténtico significado en la identidad de toda una ciudad. Poco hemos de añadir para demostrarlo. Tan sólo hay que describir esa fachada palaciega, realizada mediante ladrillo rojo, repleta de brillos de azulejo de Talavera y asimismo embellecida en sus balcones con las típicas tareas de hierro forjado. En definitiva, los colores y texturas de la heráldica angelopolitana.

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