«Pero quien quiera la descripción más cabal, sensible y graciosa del mole de guajolote, lea la página del colonialista don Artemio del Valle-Arizpe, hombre de aguda pluma y de fino paladar, quien nos hace asistir a la génesis del portento, preparado por sor Andrea en el Convento de Santa Rosa, Puebla de los Ángeles.
La cocina inspira al pintor. Recordemos los bodegones flamencos, con sus tajadas de carne y las mal formadas verrugas de las toronjas, que decía Lope hijas, aquéllas, de los pinceles de Rubens, y éstas, de los pinceles de Snyders. ¡Pronto, Diego, que la india ha vuelto ya del mercado, y derrama sobre la mesa la abigarrada cosecha del recaudo, en yerbas y en verduras, y todo el paraíso recobrado de las cosas frutales! El guajolote, pardo, blanco y rojo, yace como una monarquía derrumbada».
Tomado de Memorias de cocina y bodega, en Obras completas de Alfonso Reyes, tomo XXV, México D.F., Fondo de Cultura Económica, col. Letras mexicanas, 1991, pp. 368-369.