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Puebla de los Ángeles

Puebla y la imprenta (1 de 3)

Por los datos que han difundido los estudiosos, sabemos que había doce impresores cumpliendo su labor en la Puebla del siglo xvii. Las tres imprentas que estampaban libros en la ciudad eran objeto de intercambio comercial entre esos mismos impresores y, en otras ocasiones, pasaban a convertirse en preciada herencia. No en vano, siempre ha sido éste un oficio familiar. Al margen del progreso de la prensa angelopolitana, José Toribio Medina explica cómo este avance llegó a Oaxaca en 1720, a Guadalajara de Jalisco en 1793, a Veracruz en 1794 y a Mérida de Yucatán en 1813. Menéndez Pelayo apostilla que sobre todas estas imprentas puede verse las Notas bibliográficas que a cada una de ellas dedicó don José en sendos opúsculos impresos en Santiago de Chile (Imprenta Elzeviriana, 1904) y asimismo en La imprenta en la Puebla de los Ángeles (1640-1821) (Santiago de Chile, Imprenta Cervantes, 1908, núms. 934, 949, 953, 970, 976 y 998). Tras dichas lecturas, cabe concluir que este artilugio protagoniza un periodo importante de la historia de la ciudad. Así lo destaca Elías Trabulse al explicar por qué esta Ciudad de los Ángeles merece el epíteto de relicario de América: «Paso obligado entre México y Veracruz —escribe—, cabe decir entre Europa y la Nueva España, en Puebla confluyeron diversas corrientes culturales que le dieron un carácter único. Ahí fue donde se estableció la segunda imprenta de México y la tercera de la América española» («Prólogo», Cien impresos coloniales poblanos, volumen compilado y coordinado por Susana López Sánchez y Ana Buriano Castro, México D.F., Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 1991, p. 10).

A través de este catálogo que Trabulse prologa, el curioso descubrirá un buen número de sermones, oraciones fúnebres, panegíricos, novenarios, celebraciones, notas sobre inauguración de templos, vidas de santos y santas y otras crónicas fervorosas, siempre afines a la religiosidad del momento.

Con sobradas razones, dicho autor considera que la introducción de la imprenta en Puebla queda vinculada al proyecto cultural de Juan de Palafox y Mendoza, y aporta datos para pormenorizar cuantitativamente el asunto. El primer libro dado a la estampa en la ciudad apareció en 1642. Desde entonces hasta 1821, las imprentas locales publicaron unos 2.779 títulos: 257 en el siglo xvii, 1.530 en el xviii y 992 entre 1801 y 1821. A manera de curiosidad, diremos que ese primer impreso de 1642 lleva por título Sumario de las indulgencias y perdones concedidas a los cofrades del Santísimo Sacramento: Visitando la Iglesia donde está instituida la dicha Cofradía y fue estampado por Pedro de Quiñones. La licencia data del 20 de junio de 1642.

Nuestra tentativa de explicación se inscribe en un horizonte limitado: el de los textos coloniales que no han caído víctimas del tiempo. Parece justo mencionar, a modo de primeros ejemplos de esta actividad impresora, dos textos atribuidos al propio Juan de Palafox y Mendoza: Historia real sagrada, luz de príncipes y súbditos: dedicada al príncipe Nuestro Señor por el Ilustrísimo y Reverendísimo don Juan de Palafox y Mendoza, obispo de la Puebla de los Ángeles, del consejo de su majestad (Francisco Robledo, 1643) y Puntos que el señor obispo de la Puebla de los Ángeles, don Juan de Palafox y Mendoza, deja encargados y encomendados a las almas de su cargo, al tiempo de partirse de estas provincias a los reinos de España (Bachiller Juan Blanco de Alcázar, 1649). A este último impresor corresponde la estampación de una obra de Diego Ramírez Grimaldo: Oración evangélica; a la dedicación y consagración de la Iglesia Catedral de la Ciudad de los Ángeles, en esta Nueva España (…) (Bachiller Juan Blanco de Alcázar, 1649). De Gregorio Sedeño cabe citar su Descripción de las funerales exequias y sermón, que en ellas se predicó en la muerte de la muy noble y piadosa señora doña Jacinta de Vidarte y Pardo, que se hicieron, en el Convento de Nuestro Padre Santo Domingo, lunes veinte y cinco de agosto de este año de 1681, a expensas de su nobilísimo esposo don Pedro Hurtado de Mendoza, caballero de la Orden de Santiago, alcalde mayor electo de la provincia de Tepeaca por Su Majestad, y por renuncia, que hizo de dicho oficio de Tepeaca, actualmente se halla ordenado del Sacro Orden del Subdiaconato (…) (Viuda de Juan de Borja y Gandía, 1681).

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