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José Vasconcelos

Nacido en Oaxaca en 1882 y fallecido en la Ciudad de México en 1959, Vasconcelos fue llamado maestro de la juventud de América por razones no ajenas al cargo institucional que diseñó y ocupó cumplidamente en su tierra: ministro de Educación. A la hora de glosar la visita a España de este personaje, Fernando Curiel lo compara a las dos principales figuras de la segunda mitad del siglo xix mexicano, sus paisanos Benito Juárez y Porfirio Díaz, para subrayar que comparte con ellos algo más que el lugar de origen. En este plano, cita «la voluntad de poder, mando, dominio».

Dice Curiel que, al igual que Martín Luis Guzmán y Pedro Henríquez Ureña, dos son las ocasiones en que Vasconcelos se dirige a España. A diferencia de Jesús T. Acevedo, Alfonso Reyes y el antedicho Guzmán, quienes lo hacen en años de formación, «Vasconcelos pisa las calles de Madrid nimbado de una intensa aureola: Ministro de Instrucción Pública en el gobierno de la Convención (aquel, presidido por Eulalio Gutiérrez, que se quiso tercera vía frente a Carranza y Villa); Rector de la Universidad Nacional en 1920-1921; creador de la Secretaría de Educación Pública (aquella que, durante el gobierno de Álvaro Obregón, llevó la revolución al sistema educativo); ‘Novio de América’ (cursi bautizo debido a Gabriela Mistral); víctima de la persecución de Plutarco Elías Calles, el sucesor de Obregón; inevitable candidato a la Presidencia de la República (animado por un doble manifiesto: maderismo, ateneísmo). Etcétera» («Vivir en Madrid (Ateneístas mexicanos)», en Hugo Gutiérrez Vega, ed., La cultura mexicana actual, revista Cuadernos Hispanoamericanos, n.º 549-550, marzo-abril de 1996, pp. 269-270).

Sin duda, el párrafo anterior resume con trazo impresionista una biografía llena de matices. A un currículo tan nutrido y honorable, por lo demás, siempre cabe añadirle nuevos datos. Según detallan los analistas de su trayectoria, Vasconcelos obtuvo la licenciatura en Derecho por la Escuela Nacional de Jurisprudencia en 1907, y dos años después fundó y ejerció como presidente del Ateneo de la Juventud. Revolucionario convencido, compartió fila con otros antirreeleccionistas y defendió la causa maderista frente al Porfiriato. Desde 1914 fue director de la Escuela Nacional Preparatoria. Exiliado en los Estados Unidos en 1915, fue más tarde nombrado por Adolfo de la Huerta jefe del Departamento Universitario y de Bellas Artes, cargo rector que ocupó asimismo durante el mandato presidencial de Álvaro Obregón, quién convirtió al ya prestigioso intelectual en secretario de Educación Pública.

Al hacerse cargo de ese Ministerio recién creado, José Vasconcelos desarrolló una labor extraordinaria. Fomentó la educación del pueblo mexicano, y brindó a este la oportunidad de acceder a un gran número de bibliotecas populares y organismos de alfabetización. Asimismo, animó la actividad académica del nuevo departamento de Bellas Artes, combinando la eficacia de este con la de otros departamentos, como el Escolar y el de Bibliotecas y Archivos. Tras una infructuosa candidatura al Gobierno Federal de Oaxaca, optó por instalarse en París y Madrid. El destierro ocasional se convirtió en una actitud filosófica frente a las inestabilidades que, en este y otros momentos, aquejaban a su patria.

De vuelta en su tierra, se quiso candidato a la Presidencia bajo las siglas del Partido Nacional Antirreeleccionista. El triunfo de Pascual Ortiz Rubio enardeció a Vasconcelos, quien denunció el fraude de los comicios y rechazó la legitimidad del nuevo gobernante. A un nuevo periodo de exilio en París le siguió su retorno en 1949.

El creador filosófico del monismo estético fue un autor prolífico, casi torrencial en su escritura. Como dramaturgo, ensayó la escritura dramática en Prometeo vencedor (1916), La mancornadora (1946) y Los robachicos (1946). Biógrafo de visión clara y preciso en los datos, publicó las vidas literarias que llevan por título Simón Bolívar (1939), Hernán Cortés, creador de la nacionalidad (1941) y Don Evaristo Madero, biografía de un patricio (1952). Aunque teñida por el discurso novelesco, su memoria vital cobró protagonismo en Ulises criollo (1935), La tormenta (1936), El desastre (1938) y El proconsulado (1939). Finalmente, entre sus creaciones ensayísticas figuran títulos como La intelectualidad mexicana (1916), El monismo estético (1918), Estudios indostánicos (1920), Ideario de acción (mensajes, cartas, discursos, ensayos) (1924), La raza cósmica (1925), Indeología: una interpretación de la cultura iberoamericana (1926), La cultura en Hispanoamérica (1934), Bolivarismo y monroísmo (1934) y En el ocaso de mi vida (1957). Poco después de haberse difundido esta última obra, Vasconcelos murió en la Ciudad de México el 30 de junio de 1959.

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