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Oaxaca

11. Museo de Arte Contemporáneo

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Paradojas del uso institucional: el Museo de Arte Contemporáneo derrama las plenitudes de la abstracción en la Casa de Cortés, un edificio en el cual quedan resumidas con orgullo las inercias de la arquitectura novohispana. De ahí que más de un visitante pueda calibrar el estilo inimitable de los artistas modernos mientras se propone asimismo a su consideración el estilo constructivo de la Colonia. Y si bien no traeremos a colación los elementos peculiarísimos de la pintura contemporánea oaxaqueña, ha de permitirnos el lector la cita de dos de sus principales representantes: Rufino Tamayo y Rodolfo Nieto. La obra de ambos figura entre las afinidades de esta institución fundada por Francisco Toledo el 28 de febrero de 1992 como organismo dependiente del Instituto Nacional de Bellas Artes, el Gobierno estatal y la Asociación Civil Amigos del Museo. Téngase en cuenta que, entre los creadores que ocupan con su obra las catorce salas de exhibición, figuran el propio Toledo, Tamayo, Rodolfo Morales, Francisco Gutiérrez y Rodolfo Nieto. Usando palabras de Ruskin, vale decir que este repertorio convierte el edificio en una criatura organizada.

Tres patios sirven para articular el plano del edificio, en el más puro estilo de la arquitectura de fines del xvii y comienzos del xviii. Desde la calle, los balcones adintelados avivan las posibilidades de los dos pisos de la fachada de cantera, proyectando hacia el exterior la promesa de un trato social que subyuga porque es la negación del aislamiento. La razón es fácilmente explicable: los barandales forjados del balcón no solo complementan el resto de adornos hechos a golpe de cincel, sino que invitan a penetrar en la casa para conocer el resto de sus dependencias. Por lo demás, los vanos abundan, e incluso hay unas arquerías por donde antaño cruzaban jinetes y carruajes diversos.

La portada barroca de tres cuerpos concentra las líneas de la fachada. Pero aún hay más: las dos columnas salomónicas del segundo cuerpo y el arcángel de piedra que otorga majestad al tercero componen un cuadro simbólico con otros ingredientes, donde todo ha de armonizarse sin caprichos parciales. Con ese fin, enmarcan la figura angelical los escudos de los Laso de la Vega y los Pinelo, cuya adición ornamental es asimismo informativa en el plano heráldico.

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