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Oaxaca

8. Templo y ex convento del Carmen Alto

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Sin duda, la Orden de los Carmelitas Descalzos alcanzó notoriedad durante el Virreinato, tal y como queda de manifiesto en los conventos y templos que se realizaron a lo largo de México bajo su protección. En Oaxaca, uno de sus recintos notables fue este del Carmen Alto, cuya imagen piadosa más característica reposa en la portada de tres cuerpos. Así, en el segundo cuerpo de esta última, flanqueado por dos escudos de la orden, figura un relieve de cantera que representa a la Virgen del Carmen coronada y acogiendo a los carmelitas bajo su manto protector. A no dudarlo, este emblema fue reconocido también por los frailes que en la Puebla de los Ángeles ocuparon el convento de Nuestra Señora del Carmen, diseñado por fray Andrés de San Miguel y edificado entre 1624 y 1627 gracias a don Fernando de Villanueva. Su equivalente oaxaqueño, de fecha posterior, se ofrece hoy al visitante en la calle de García Vigil y conserva vigorosamente el encanto novohispano.

La Orden del Carmen llegó a Oaxaca en 1696. Curiosamente, los lugareños comenzaron a festejar esta advocación mariana partiendo de un mestizaje simbólico. De hecho, la traza de la ermita de la Santa Veracruz —sede de los carmelitas desde 1699— ocupaba el mismo lugar del teocali de Huaxyacac, donde allá por julio los indígenas organizaban la Fiesta de los Señores y sacrificaban ceremonialmente a una doncella para honrar a Centeótl, la diosa del maíz. Cuando esta liturgia quedó adaptada al troquel cristiano, pasó a llamarse fiesta de la Guelaguetza o Lunes del Cerro. Las fechas, como bien saben los oaxaqueños, son casi las mismas que las propias de la Virgen del Carmen.

Gracias a una donación municipal, los frailes pudieron ampliar las instalaciones de la Santa Veracruz y dar un nuevo empuje a sus actividades. En 1751 concluyeron las obras del templo, y en lo sucesivo el Carmen Alto ocupó un lugar privilegiado en el imaginario religioso de la sociedad colonial. Recordemos que su planta de cruz latina con capilla adosada converge, simbólicamente, en el altar mayor, donde el ciprés neoclásico sirve para alojar a la Santa Patrona.

Cuando en 1856 el Gobierno Federal se hizo con el convento, este cambió el propósito de sus rejas y cancelas, pues fue empleado como prisión e instalación cuartelera. Más tarde, en 1889, el obispo Eulogio G. Gillow decidió que sirviera como residencia episcopal y seminario. A partir de 1910 albergó aulas escolares y en 1925 recuperó la tutela estatal. En la actualidad, las oficinas del Registro Civil del Estado centran buena parte de la actividad administrativa que acá se desarrolla.

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