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Oaxaca

7. Acueducto

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De la plural arquitectura civil oaxaqueña cabe destacar este acueducto que hallamos en la proximidad de la calle de Río Amazonas. Su antiguo nombre, más sonoro y connotativo, aludía a la advocación de San Felipe del Agua. Afecto a la simetría, el ingeniero usó para la edificación la cantera y el ladrillo que eran la unidad constructiva en el xviii. Para el patrocinio de la obra, hubo que reunir el capital procedente de José Sánchez, Juan de Pascua y O’Brien, Juan G. Márquez y Manuel Landeta. Sin duda, esta inversión que a tantos caballeros involucró perseguía una finalidad loable: reaccionar contra la sequía diversificando la travesía del agua dentro de la urbe.

Cuando concluyó la obra, allá por 1751, el flujo original procedía de un venero situado en el cerro de San Felipe, lo cual explica el rótulo que se puso al canal. Luego de atravesar la barriada de Xochimilco desaguaba en la esquina suroeste del atrio del Carmen Alto, no sin antes beneficiar a buena parte de los ciudadanos. Por otro lado, el imaginario estético oaxaqueño se enriqueció con una vista sin par: aquella que componía el viejo acueducto a su paso sobre el río Jalatlaco, en el tramo denominado, indistintamente, La Cascada o Pozas Arcas. Gracias a una feliz decisión municipal, esta fracción del conducto quedó transformada en área recreativa luego de haber sido convenientemente restaurada en 1994. Una vez devuelto su vigor a los arcos de cantera, el conjunto se animó con dos bellas plazuelas, la del parque La Cascada y la plaza de Hermandad Internacional.

Los restos del antiguo acueducto no se limitan a este cauce del Jalatlaco. Aún nos quedan los Arquitos de Xochimilco, convertidos en acceso a viviendas vecinales. Sin duda, el aflujo de imágenes históricas es todavía más intenso en este lugar. Los arcos de medio punto y las texturas de la cantera verde que compone los muros resultan capaces de expresar, con gran elocuencia evocativa, el cromatismo de aquella ciudad regada con las aguas de San Felipe. Finalmente, al igual que otras encrucijadas acuáticas, también este acueducto aspira a encauzar con idéntica eficacia el líquido y la imaginación. Con todo, ya habrá comprobado el lector que, en esta ocasión, la segunda ha sobrevivido al primero.

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