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Oaxaca

Archivos y museos de oaxaqueños (1 de 2)

El almacenaje de la memoria es uno de los temas constantes de la vida cultural en Oaxaca de Juárez. Lo da a entender el buen número de archivos, bibliotecas, museos y colecciones privadas que urgen con su tentadora oferta a curiosos y académicos. En cierto sentido, todos estos centros adquieren rasgos de grandeza, de modo que una solución razonable a la hora de escoger la opción más atractiva puede ser la pesquisa intuitiva. Ese impulso alimenta muy fructíferas investigaciones, lo cual nos lleva a situar la corazonada como principal metodología en nuestro trayecto como improvisados documentalistas.

En nombre de este afán tan humano, comienza el itinerario acá propuesto en la Biblioteca Welte, que viene a ser el contrafuerte del Instituto Welte de Estudios Oaxaqueños. Más de un lector ya habrá advertido que su base de datos sobrevuela toda nuestra expedición, insertando citas decisivas en este paseo por la Verde Antequera. No está de más, por tanto, recordar que debemos a Cecil R. Welte entregas de importancia sociológica, histórica y cartográfica como Antequera: Las cuatro villas y los valles centrales (Oaxaca, Oficina de Estudios de la Humanidad del Valle de Oaxaca, 1973), Apéndice, mapas y tablas demográficas. Mercados de Oaxaca (Austin, Diskin & Scott, 1975), Index of Populated Places in Valley Of Oaxaca. Listed in Census of 1960 (Oaxaca, Mimeo, 1966), Pictorial Manuscripts of the Oaxaca Area (Oaxaca, Welte’s Ready Ref Release, n.º 5, 1981) y Pre-Conquest and Early Colonial Pictorial Manuscripts of the Oaxaca Area (Oaxaca, Oficina de Estudios de la Humanidad del Valle de Oaxaca, 1981).

Como es de rigor, toda búsqueda hemerográfica o bibliográfica comienza por una simple petición al archivero de turno: la de aquellas obras que comprimen en un solo volumen todas las referencias que nos han de interesar. Por esta vía debemos a Claire-Lise Bénaud y a Oscar E. Delepiani el libro Oaxaca. A Critical Bibliography of Rare and Specialized Materials in the University of New Mexico’s General Library (Albuquerque, Latin American Institute, University of New Mexico, 1992). En la misma dirección académica, Lina Escalona Ríos y Luz Georgina Guillén Arias compilaron la Bibliografía básica del Estado de Oaxaca que se integra en la colectánea Bibliografías básicas de los estados del Sur de la República Mexicana: Chiapas, Guerrero, Oaxaca (México, D. F., Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Dirección General de Bibliotecas, 1992, pp. 127-201). Dentro de un ámbito histórico mejor acotado, el equipo encabezado por M.ª Alicia Manzano reunió las Fuentes para la historia de Oaxaca. Diario oficial 1928-1985 (Gobierno del Estado de Oaxaca, 1987) y Francisco José Ruiz Cervantes hizo lo propio en Oaxaca en la Revolución Mexicana (Bibliohemerografía: 1906-1920) (Oaxaca, Casa de la Cultura Oaxaqueña, 1986). Naturalmente, si el lector busca repertorios aún más especializados, cabe recomendarles algunos tan exclusivos como el reunido por Aurelio Tello en su Archivo musical de la Catedral de Oaxaca. Antología de obras (México, D. F., Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical Carlos Chávez, 1990).

Además de los catálogos, ha de interesar al lector la presencia de bibliotecas en la ciudad. Un dato que tener en cuenta es que la historia de estas colecciones viene de largo. Desde que el 26 de agosto de 1825 se creó la Biblioteca del Estado, sus fondos se incrementaron tregua, y sin duda, debió de ser compleja la catalogación de dicho material cuando se le buscó acomodo en el edificio que fue inaugurado el 16 de septiembre de 1888. Desde 1986, las nuevas instalaciones de esta Biblioteca Pública Central ocupan el número 200 de la calle Macedonio Alcalá y protagonizan uno de los tramos más sugerentes del andador turístico. Si el investigador o el consultor inquieto no hallan un determinado volumen en sus anaqueles, pueden probar suerte en otros centros afines, como la Biblioteca del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, la Biblioteca Especializada del Centro Fotográfico Álvarez Bravo, la Biblioteca Pública de Consejo de Tutela, la Biblioteca Carlos Incháustegui, la Biblioteca para Invidentes «Jorge Luis Borges» del IAGO, la Biblioteca del Instituto Nacional de Antropología e Historia, la Biblioteca Central Universitaria, la Biblioteca Circulante Benedict Crowell Memorial, las Bibliotecas Públicas Municipales «José López Alavez», «Trinidad Carreño» y «Dr. Jorge Pérez Guerrero», la Biblioteca Pública Juárez, ubicada en la Casa de la Cultura Oaxaqueña, y la Biblioteca Especializada en Botánica, Ecología, Etnobotánica e Historia.

Para otro tipo de pesquisas, quizá más refinadas, cuentan los buscadores de documentos con la Hemeroteca Pública de Oaxaca «Néstor Sánchez H.», el Archivo Histórico Municipal de Oaxaca, el Archivo General del Poder Ejecutivo y el Banco de Información de las Naciones Indias (BINI) instalado en el Instituto de Investigaciones en Humanidades de la Universidad Autónoma Benito Juárez.

Por lo que hace al patrimonio, este registro de papel que organizan los archiveros y bibliotecarios logra perdurar con el mismo esfuerzo que los muchos tesoros guardados en los museos de Oaxaca. Todos ellos llevan dentro de sí las formas que el arte y la cultura locales han adoptado a través del tiempo, y por ello sobra decir que su conocimiento plantea los ámbitos posibles de toda la historia oaxaqueña. Para entendernos: lo moderno reclama el derecho de solaparse sobre un legado milenario, ocupando el más reciente arte conceptual un estrato cercano al de la cerámica precolombina. De forma indiscutible, lo dicho sobre el contenido concierne asimismo al continente. Ya se ve que la arquitectura participa de esta mezcla evocadora: así, el Museo de las Culturas de Oaxaca se aloja en el ex Convento de Santo Domingo de Guzmán, que fue restaurado a partir de 1996, y custodia el tesoro descubierto por Alfonso Caso en la tumba 7 de Monte Albán. Con pareja filosofía, el Museo de Arte Prehispánico Rufino Tamayo ocupa una vivienda del siglo xvii, la Casa de la Villaraza, y el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca, abierto el 28 de febrero de 1992, llena con sus catorce salas las dos plantas de una construcción del siglo xviii, la Casa de Cortés, alzada en torno a los típicos tres patios que caracterizaron los hogares novohispanos. Y lo mismo cabría señalar en torno al Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, ideado por el pintor Francisco Toledo en un edificio del siglo xviii. En suma, he acá un espacio donde conviven animadamente y sin contradicción los émulos de Rodolfo Nieto y de Miguel Cabrera.

¿Cómo resistir la tentación, pues, de conocer ese nudo histórico que tensan los museos oaxaqueños? Sin duda, no precisa el visitante excusas muy elaboradas para acercarse a los Museos Comunitarios de Oaxaca, al Museo Casa de Juárez, al Museo de Fotografía del Centro Fotográfico Álvarez Bravo, al Museo del Sitio de Monte Albán, al Museo de Filatelia de Oaxaca, al Museo Regional de Oaxaca o a ese Museo Histórico Urbano inaugurado el 28 de octubre de 1986. Con todo, para descifrar lo que fue la vida piadosa de la ciudad en tiempos del Virreinato, vale la pena completar este paseo por distintas galerías en el Museo Religioso de La Soledad, que muestra sus bienes en el enclave del mismo nombre, edificado entre 1682 y 1697 gracias al patrocinio del Arcediano de la Catedral, don Pedro Otálora.

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