Nacido en 1719 en la localidad turolense de Manzaneda, el arquitecto José Martín de Aldehuela viajó a Cuenca en torno al año 1750, y en esta capital permaneció hasta 1778. Si se tiene en cuenta que pereció en Málaga en 1802, queda de manifiesto que la principal etapa de su vida profesional transcurrió entre el Júcar y el Huécar. En un periodo de tiempo tan prolongado, dice Pedro Miguel Ibáñez Martínez que Aldehuela, a la sazón maestro mayor de obras del obispado, «ejecuta numerosas obras transformando la faz arquitectónica de la ciudad». Podemos comprobarlo en San Felipe, San Antón, San Pedro, la iglesia del hospital de Santiago, las portadas de San Pablo y de las Angustias, y asimismo en las labores que realizó en la Catedral. En todos estos trabajos, «se advierte cómo su formación rococó en la escuela valenciana irá disciplinándose, de forma paulatina, en la decoración y el uso de los órdenes, ante el contacto con el estilo de Ventura Rodríguez» («Reflexiones sobre el centro histórico de Cuenca», en Manuel Rodríguez Viqueira, coord., Las ciudades del encuentro, Universidad de Castilla-La Mancha, Universidad Autónoma Metropolitana, México D. F., 1992, p. 109).
Menciona Ibáñez un esclarecedor ensayo de Fernando Chueca Goitia, «José Martín de Aldehuela. Datos para el estudio de un arquitecto del siglo xviii» (Arte Español, tomo XVI, 1944), que permite al curioso recopilar nuevas informaciones. A partir de fuentes como éstas, podemos saber que Aldehuela ganó méritos ante las autoridades conquenses gracias a su labor en la iglesia de San Felipe Neri, fundada el 14 de septiembre de 1738 por Álvaro Carvajal y Lancaster, arcediano de Moya y canónigo de Cuenca, y por su hermano don Isidro, canónigo de Cuenca. No obstante, y pese a lo mucho que pudiera ampliarse esta glosa, lo cierto es que sus edificaciones en la ciudad son el mejor testimonio de este alarife magistral, quien sólo se decidió a cruzar los límites de Cuenca cuando recibió en 1779 un tentador encargo que debía llevar a término en la catedral malagueña.