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Cuenca

1. Plaza Mayor

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Las condiciones de vida en una ciudad se miden con mayor precisión en sus mercados y en la plaza central. Cuenca no es una excepción, y aunque su Plaza Mayor sugiera la presencia de caballeros que ciñen la espada a su costado, lo cierto es que también es posible comprobar el pulso de la modernidad, afanada en direcciones muy diversas. En un sentido metafórico, este dominio es tan irregular como el resto del casco antiguo. Piense el lector que nos situamos ante un trazado casi trapezoidal, modificado por una larga serie de ensanches. En un principio, este enclave era llamado Plaza de Santa María, en clara alusión a la catedral. Se lo llamó asimismo Plaza del Mercado, citando el bullicio mercantil que en ella se manifestaba. En torno a 1458 cumplió aquí su función el Concejo, y entonces se le dio el nombre de Plaza del Rollo, mencionando al rollo —una columna de piedra, signo de la jurisdicción— que erigió el cantero Antonio Flórez. El proceso de ampliación efectuado en 1527 coincidió con el momento en que los conquenses empezaron a llamarla Plaza Mayor. Hubo nuevos ensanches en 1576 y 1594. Hacia 1761 comenzó la edificación de las Casas Consistoriales: el autor de las trazas fue Jaime Bort, y de acuerdo con su plan, dirigió las obras el maestro Lorenzo de Santa María (Véase Pedro José Cuevas, Cuenca, Editorial Alfonsípolis, 2000, pp. 180-183). Alzado sobre tres arcos de medio punto y con ornamentación interior fiel al dictado rococó, el Ayuntamiento fue concluido en 1762, aunque Mateo López, un artífice recurrente en estas páginas, lo amplió en 1788.

Al decir de Francisco Gómez de Travecedo, el interés monumental de la Plaza Mayor radica en el hecho de que ésta alberga una serie de edificios del mayor interés. Sin duda, el de mayor grandiosidad es la Catedral, pero el cronista no olvida la fachada del convento de las Petras o Justinianas de San Lorenzo, fundado en el siglo xvi, «con su notable iglesia de forma elíptica, construida por Alejandro González de Velázquez, con la colaboración de Ventura Rodríguez y la de aquel insigne arquitecto tan enamorado de Cuenca que se llamó José Martín de Aldehuela» (Cuenca, Madrid, Publicaciones Españolas, 1959, p. 15).

A modo de enlace entre el Ayuntamiento y el convento, la calle de Pilares incluye varios edificios de aire pintoresco, lo cual viene a reforzar el interés arquitectónico de dicho entorno. Pese a estar presidida por fachadas culminantes como las de la Catedral, el Ayuntamiento y las Petras, la Plaza Mayor también puede ser apreciada por la elocuencia de otros edificios menos conocidos. «El resto de sus lados —escribe César González Ruano— está integrado por viviendas antiguas, de fachadas muy restauradas, entre las que se señala una en la que estuvo hospedado el rey don Felipe IV» (Guía de Cuenca y principales itinerarios de su provincia, fotografías de Francisco Catalá Roca, Barcelona, Planeta, 1956, p. 35).

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