El científico conoce el eco de las novedades y advierte las ligaduras sutiles que existen entre intuición y descubrimiento. Dispuestas a promover este linaje de sabios y visionarios, las autoridades conquenses les dedican un espacio en la Plaza de la Merced, dando así un toque didáctico al casco antiguo de la ciudad. No en vano, este tipo de museos de la ciencia —de los que hay variados ejemplos en nuestra geografía— corresponde a un método idóneo para plasmar las metáforas de la experimentación, con el fin de hacerlas accesibles a un público mayoritariamente juvenil.
El Museo de las Ciencias castellano-manchego tiene a su favor la belleza del inmueble donde se aloja. En realidad, se trata de una fusión arquitectónica original, pues liga dos edificaciones: un viejo convento y la moderna estructura que superpusieron los actuales diseñadores. En realidad, este dominio resguarda bajo sus cimientos un eje constructivo que va desde el Medievo hasta los siglos xviii y xix. Al fin y al cabo, en una ciudad con una crónica tan generosa, el solapamiento viene a ser una regla urbanística. De ahí que el antiguo Asilo de Desamparados sea un rincón idóneo para la finalidad pedagógica que hoy ocupa a los gestores de dicho museo.
Al margen de los estratos que cabe advertir en el edificio, lo cierto es que éste logra expresar mediante saltos imaginarios la pujante presencia de la ciencia en nuestra vida cotidiana. En cierto modo, consuma un proceso plasmador de curiosidades. Por ejemplo, el visitante puede conocer la saga evolutiva del género humano, los vaivenes que condujeron a la formación de nuestro planeta, las abstractas posiciones que el futuro puede adoptar y el cúmulo de conocimientos que han ido atesorando los astrónomos.
Naturalmente, el misterio del espacio no sólo queda insinuado mediante ingenios mecánicos. También expresa una estética, cuyo colorido y disposición son la principal baza del Planetario. Con este último, el recorrido por el más allá de las ciencias cobra una dimensión realista y convincente, henchida de sentido. Descubrir lo nuevo, a la vista de este prodigio de la tecnología, requiere sin duda un enfrentamiento con la contradictoria pluralidad de las estrellas y los planetas.