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Cuenca

12. Iglesia de San Andrés

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Uno de los efectos más osados del templo de San Andrés es su planta trapezoidal. Para infundirle mayor belleza, el alarife diseñó para esta iglesia bóvedas de arista de aire gótico y una portada sobria, fiel al estilo herreriano. Semejante temperamento es propio del arquitecto que acometió la obra en el siglo xvi, Pedro de Alviz. Con la ayuda del maestro cantero Sebastián de Arnani, Alviz ensambló en el conjunto préstamos de diversa procedencia, logrando de ese modo articular una poderosa enunciación. En realidad, San Andrés «es iglesia de una nave —escribe Mateo López—, no muy grande e irregular por la desigualdad de su ancho, siendo muy estrecha donde está el altar mayor». En una gran medida, el conjunto fue reedificado siendo obispo de Cuenca don Sebastián Flórez Pavón —esto es, entre 1771 y 1777—. Según la descripción de López, la portada es de sillería muy irregular y dispone de dos columnas dóricas exentas, entablamento y un segundo cuerpo bien ordenado. Con todo, en la fecha en que esta opinión se manifestó, «lo más notable en esta iglesia es la Cruz mayor parroquial, labrada por Francisco Becerril, con bellísimos adornos de esculturas y otras labores delicadas, todo de plata» (Memorias históricas de Cuenca y su obispado, recogidas y ordenadas por el autor en 1787, volumen I, edición de Ángel González Palencia, Biblioteca Conquense, tomo V, Instituto Jerónimo Zurita del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Ayuntamiento de Cuenca, 1949, p. 318).

San Andrés permaneció abierta al culto religioso hasta 1936. En esa fecha, ejemplificando en qué medida se extendió la barbarie durante la Guerra Civil, el templo fue objeto de numerosos destrozos y posteriormente incendiado. Aunque este daño impidió que retomara las actividades religiosas, la iglesia fue aprovechada por los integrantes de la Junta de Cofradías, con el propósito de conservar los pasos y demás elementos propios de la Semana Santa.

Lo único que se conserva del antiguo edificio es la fábrica. Al decir de César González-Ruano, ésta «tiene una nave única, irregular y pequeña con gran desigualdad en su anchura». La parte más pequeña es aquella que ocupa el altar mayor. El pórtico, de sillería, «está compuesto por un tímpano y dos columnas dóricas exentas» En el interior hallamos las capillas que, siglos atrás, pertenecieron a las familias de Tamayo, Pedraza, Landa y Cerdán, «con arcos presididos por los respectivos escudos, figurando en la labra del púlpito los de las familias de Bobadilla y Cabrera» (Guía de Cuenca y principales itinerarios de su provincia, fotografías de Francisco Catalá Roca, Barcelona, Planeta, 1956, p. 32).

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