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Cuenca

20. Hospital de Santiago

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Hay edificios que sólo necesitan un leve toque de memoria histórica para convertirse en relatores de una ciudad. En esta imaginaria galería conquense, engalanada con escudos de todos los colores y horadada por escalinatas interiores que conducen al pasado, la arquitectura vuelve a adquirir importancia al comunicar, además de la capacidad de los artesanos y maestros de obras, una clara y detallada descripción de los tiempos antiguos. En este plano, si el Real Hospital de Santiago emana melancolía se debe a que sus cimientos se hunden en el siglo xii. Sin duda, es ésta «una de las fundaciones más remotas en el tiempo —escribe César González-Ruano— y también en el espacio con respecto a la Cuenca primitiva». Sabemos que el edificio original pudo alzarse sobre las posesiones que Alfonso VIII concedió a la Orden Militar de Santiago, agradecido por la intervención de sus caballeros en la conquista. A este primer solar se añadieron en 1188 las cesiones de don Tello Pérez y don Pedro Gutiérrez. Al disponer de este espacio, los alarifes acometieron las obras que condujeron a la fundación de un hospital de redención de cautivos. Siete décadas después, se fundó una encomienda cuya finalidad era mantener acá un sanatorio.

Dice González-Ruano que una tradición piadosa liga la fundación de este hospital con la historia del advenimiento de la Cruz de Caravaca. También se cree que el hospital se levantó «sobre el alcázar de recreo que en estas tierras tuvo el último rey almohade de Valencia y Murcia, Zeit-Abu-Zeit, convertido al cristianismo en el castillo de Caravaca —hoy iglesia de Santa Cruz— por el conquense don Ginés Pérez Chirino» (Guía de Cuenca y principales itinerarios de su provincia, fotografías de Francisco Catalá Roca, Barcelona, Planeta, 1956, p. 49).

Aunque sugestivas, estas especulaciones no deben distraernos de la certeza documental. Por esta vía, las crónicas formulan el detalle de diversos desastres, que se vieron animados por intenciones cada vez más desafortunadas. Cuando en 1511 las autoridades decidieron remodelar la estructura hospitalaria, tuvieron a su disposición al maestro de cantería Juan del Castillo. Las enmiendas prosiguieron en el siglo siguiente, esta vez al mando del arquitecto real, Francisco de Mora. Por desgracia, sus tareas fueron malogradas el 11 de agosto de 1706, cuando parte del ejército inglés que intervenía en la guerra de Sucesión provocó importantes daños en el edificio. La reconstrucción corrió a cargo de José Martín de Aldehuela, quien presentó sus planos en 1764 para que los llevara a término Lorenzo de Santa María. Durante la guerra de la Independencia se reprodujeron los destrozos. En este caso, los guerrilleros de El Empecinado prendieron fuego a la edificación con el propósito de desalojar a los ocupantes franceses. Una vez apaciguados los ánimos en la región, las Hijas de la Caridad inauguraron un periodo más benéfico para el Hospital, convirtiéndolo en un centro sanitario que todavía sigue en funcionamiento.

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