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Cuenca

11. Calle de Alfonso VIII

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Se puede entender de diversas maneras el modo en que una calle principal cobra protagonismo. Unas veces esta pujanza tiene razones castizas —una determinada celebración localiza en este lugar su protocolo—; y otras veces tiene motivaciones políticas —hay instituciones que ubican en él sus sedes—. Por lo que concierne a la calle de Alfonso VIII, este vigor resulta explicable por los dos motivos citados. Al figurar como acceso natural a la Plaza Mayor, podemos escenificar en ella distintas solemnidades históricas y reuniones festivas. De otra parte, la dignidad solariega de este recorrido se advierte en algunos de los edificios que lo conforman desde mucho antes de que adquiriese su trazado actual en el siglo xix. Así, frente a la escalinata de la Plaza del Carmen, adquieren fuerza de presencia la Casa del Corregidor y la Casa-palacio de los Clemente de Aróstegui, dos casonas que nos explican el grado de hidalguía que atañe a quienes habitaron esta calle. La estrechez de las fachadas adyacentes anima a idear a lo largo de la vía escenas de melodrama, con sus correspondientes lances de amor, de honor y de duelos a primera sangre.

Sin duda, la sociedad patricia recorrió los distintos tramos de Alfonso VIII cuando dicho pasaje era aún llamado de Correduría. Los comerciantes ofrecían en él sus mercaderías y el tono urbano subía un grado en cada nuevo portal. «Su subida —escribe Pedro José Cuevas— presentaba originalmente un desplome mucho más acusado, las puertas tenían la puerta de entrada al nivel de lo que ahora son primeros pisos, habiéndose construido la planta baja posteriormente, en un crecimiento hacia abajo» (Cuenca, Editorial Alfonsípolis, Cuenca, 1999, p. 198).

Como en otros pasadizos, correderas y travesías de la ciudad, el anecdotario histórico hace de la calle de Alfonso VIII un terreno abonado para el relato. Por ejemplo, pueden imaginarse en este espacio las andanzas y desencuentros del Corregidor, quien tuvo en él su casa desde 1541. Más arriba ya hacíamos alusión a las connotaciones de dicho inmueble. Curiosidades de la arquitectura institucional: los sótanos de esta casona, según corresponde a los asuntos del inframundo, fueron una cárcel celosamente custodiada. Aunque, a decir verdad, ya no importa al paseante el sistema coercitivo de antaño, sino la belleza solemne de esta fachada, que fue nuevamente alzada en el siglo xviii, tras llevarse a término la demolición del antiguo inmueble.

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