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Cuenca

16. El Almudí

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Las esmeradas instrucciones del maestro cantero Pedro López de la Vaca posibilitaron el levantamiento de este edificio municipal en 1569. Gracias al rendimiento de los campos cerealeros de la comarca, fueron muchas las fanegas de grano que llegaron al lugar, usado en principio como lonja y luego como almacén del Pósito Real. Lamentablemente, esa fecundidad agrícola se vio interrumpida y finalmente fue un regimiento militar el que hizo uso del Almudí en el siglo xvii. Mediante una serie de modificaciones arquitectónicas efectuadas durante la centuria siguiente, la edificación admitió las ventajas del rococó. Aún hoy es admirable el uso que hicieron los alarifes de la sillería y la mampostería. No en vano, las dependencias del Almudí acogen hoy diversos actos culturales e institucionales, mejorados sin duda por el marco que acá se impone.

En el discurso de este capítulo arquitectónico podemos ceñirnos a distintas descripciones. Así, Francisco Gómez de Travecedo inicia su vista al final de unas escaleras existentes en la calle del Pósito, desde donde puede admirar este «edificio de una sola planta, de sólida construcción y aspecto severo». En las notas escritas por este autor, figura que el Almudí fue erigido en tiempos de Fernando VI. La historia, por lo demás, se expresa por medio de una fachada ornada con escudos heráldicos. Para una más amplia información, una leyenda dispuesta sobre el frontal explica que, reinando Felipe II, los señores de Cuenca mandaron reedificar esta puerta, siendo corregidor don Antonio Barrientos. En cuanto a las funciones culturales que hoy desempeña, cabe citar un precedente: la Exposición de Arte Antiguo, organizada aquí por el Ayuntamiento en 1956, con la colaboración del cabildo catedralicio. La muestra incluyó cuadros de los Van Eyck, Gerard David, Fernando Yáñez, Martín Gómez el Viejo, Marinus Van Reymerswaele, Cristóbal García Salmerón y Pedro Atanasio Bocanegra. No obstante, el principal foco de atracción fueron dos lienzos de El Greco: La oración del huerto y Cristo con la cruz a cuestas (Cuenca, Madrid, Publicaciones Españolas, 1959, p. 21).

César González-Ruano, que también elogia la sólida construcción y el severo aspecto del Almudí, prefiere detenerse frente a un arco flanqueado por cubos almenados, en cuyo frente también descubre la leyenda que antes mencionábamos, y que transcribimos a continuación en su antigua grafía: «Reinando la MD. Del rei D. Phelipe Ntro señor […], los mui ilustres señores de Cuenca, mandaron reedificar esta puerta, siendo corregidor de esta ciudad el mui ilustre señor licenciado Antonio de Varrientos, regiztrador mayor de S.M. Vº y regidor de Medina del Campo, 1579» (Guía de Cuenca y principales itinerarios de su provincia, fotografías de Francisco Catalá Roca, Barcelona, Planeta, 1956, p. 37).

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