Conocido como el Tuerto López, Luis Carlos López (Cartagena, 1879-1950) pertenece cronológicamente a la llamada Generación del Centenario, surgida a partir de 1910, aunque su estética bien puede inscribirse dentro del posmodernismo. Entre sus oficios están el de boticario, comerciante, diputado y cónsul. Algunos rasgos de su obra ponen en evidencia su reacción contra el cosmopolitismo y el esteticismo modernistas. A la retórica modernista enfrentó el verso desnudo, sencillo, pero con una carga de ironía y de prosaísmo, con las que criticó la apatía de una sociedad provinciana y decadente. Luis Carlos López se puso al frente de lo negocios heredados de su padre que compaginó con la famosa tertulia «El Bodegón» improvisada en el el traspatio de su tienda. Fue cónsul de Colombia en Múnich y Director de la Biblioteca Fernández Madrid de Cartagena de Indias. Participó en la política, defendiendo las ideas liberales del asesinado General Uribe. Entre sus libros de poemas tenemos: De mi villorrio (1908), Posturas difíciles (1909), Por el atajo (1920) y Hongos de la riva 1942. Su Obra poética se publicó en 1976.