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Cartagena de Indias

Arquitectura (1 de 3)

Y esa hermosa casa colonial que ven ustedes ahí, esquineando…

Juan Moro

Juan de Vadillo, quien fuera juez de residencia durante el periodo comprendido entre 1535 y 1537, empezó la construcción de un modesto templo de paja y cañas que sirvió de catedral. Y así acometió el primer intento de ordenación urbana de la ciudad de Cartagena de Indias. A lo largo de las primeras calles se situaron casas de bahareque, muy similares a las que aún se ven hacia las afueras de la ciudad y que García Márquez inmortaliza en los orígenes de Macondo.

Una ordenanza dispuso que se hicieran corrales «de la otra parte del puente» para que pastasen las vacas lejos del casco urbano. Sometida a los rigores del clima, la ciudad habría de sufrir los efectos de los vientos huracanados, que más de una vez la devastaron. En 1552 padeció un incendio que la destruyó, pero se rehizo enseguida. Pasarían muchos años antes de que se emplearan en su construcción materiales nobles que escaseaban en la región.

El sitio estratégico de la ciudad pronto la convirtió en una puerta de entrada fundamental en el comercio con la Indias. Durante el último tercio del siglo xvi, antes y después del ataque de Drake, la ciudad asistió a una intensa actividad constructora. Se contrataron alarifes, canteros, albañiles y maestros de carpintería.

En 1573 vivían entonces en Cartagena unas cuatrocientas familias, sin duda muchas de ellas trabajando en la construcción de la ciudad.

Dos años más tarde se aceptaba el proyecto de Simón González para la edificación de un nuevo templo con cabecera ochavada, tres naves separadas por columnas, con espacios a ambos lados de las naves para la construcción de capillas, con un nave central de madera y laterales de teja.

El edificio fue destruido en el asalto de Drake en 1586 y más tarde, en 1600, al derrumbarse su techumbre. Con todos estos inconvenientes, la obra se concluyó en la primera quincena del siglo xvii.

Al igual que La Habana y El Callao, durante sus primeros años de vida la ciudad creció sin un verdadero proyecto urbanístico. Su importancia estuvo marcada por el tráfico regular de flotas. Su crecimiento, como es lógico, exigió medidas de ordenamiento.

La ciudad se extendió hacia un islote cercano denominado «barrio de Getsemaní», que se unió al núcleo primitivo por el puente de San Francisco. El modelo urbanístico que siguió fue el denominado «modelo regular de dos plazas». Estaba integrado por los mismo elementos que el modelo clásico.

Pese a este modelo, la ciudad creció en muchas partes de manera espontánea. Hacia 1570 comenzaron a construirse edificios sólidos de cantería. La materia prima se transportaba en almadías desde una isla cercana, por lo general, piedra coralina fácil de trabajar, pero nada adecuada para la talla fina. A finales del siglo xvi el barrio de Getsemaní contaba sólo con el convento de Santo Domingo y el edificio del matadero. A partir de 1597 empezó el trazado de sus calles.

Los puntos vitales de Cartagena de Indias eran la plaza Mayor y la del Mar. La primera, la principal, tenía más importancia social y burocrática que económica. Constituía el sitio ideal para paseos y conversaciones, ya que se encontraba muy cerca de la catedral, del edificio que alojaba al gobernador y del cabildo, que hacía las veces de cárcel pública.

Hacia 1579 la plaza se caracteriza por sus frentes ocupados por soportales de madera, conocidos más tarde como «soportales del Escribano», el lugar donde estos personajes ejercían su oficio.

La segunda plaza, conocida también como «la real» y «de la Aduana», por estar en ella el edificio de la Aduana, se situaba al borde del muelle.

Allí se encontraban las carnicerías, las tiendas del comercio y las casas de los oficiales reales.

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