Escribe Miguel Ángel Asturias: «Tecún Umán, el de las torres verdes, el de las altas torres verdes, verdes, / el de las torres verdes, verdes, verdes, / y en fila india indios, indios, indios / incontables como cien mil zompopos: / diez mil de flecha en pie de nube, mil / de honda en pie de chopo, siete mil / cerbataneros y mil filos de hacha / en cada cumbre ala de mariposa / caída en hormiguero de guerreros.»
Recuerdan estos versos la batalla que se disputó en 1524, en los llanos de Quetzaltenango, durante la cual se midieron las fuerzas de Pedro de Alvarado y los bravos guerreros al mando de Tecún Umán. Es de imaginar el efecto que la caballería, bajo la dirección de Pedro de Portocarrero y Juan de Chávez, debió de causar entre los cakchiqueles. Con todo, es éste un episodio de valentía, a tal extremo que la leyenda sitúa a Tecún Umán frente a Alvarado. Al cabo, atravesó el hierro del español el pecho del príncipe quiché, y un mágico quetzal, que sobrevolaba el combate, tiñó las plumas de su pecho con la sangre del caudillo vencido.
A su muerte, Tecún Umán pasó a encabezar el panteón de los héroes indígenas, y su memoria alimenta justamente el nacionalismo guatemalteco. No obstante, en un plano alejado de la leyenda, conviene saber en qué contexto guerreó este paladín contra los incursores españoles. Subraya Christopher H. Lutz que la conquista del altiplano ocupó más tiempo que la conquista del área central de México, y la razón es que, a diferencia de esta última, controlada firmemente por los aztecas y sus aliados, aquella zona de Guatemala estaba mucho menos unificada. Al decir de Lutz, «no había ningún individuo en la región quiché-tzutuhil-cakchiquel de la estatura y autoridad de un Moctezuma. Por consiguiente, cada ciudad-estado independiente en el altiplano guatemalteco tuvo que ser conquistada separadamente» (Historia sociodemográfica de Santiago de Guatemala, traducción de Jeannie Colburn, Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica, Guatemala, 1984, p. 37).
Por su dimensión casi mitológica, Tecún Umán merece figurar en los textos clásicos mayas de los que aún quedan vestigios literarios. Para que el lector se haga una idea de conjunto, resulta recomendable una antología de Mercedes de la Garza y Miguel León-Portilla: Literatura Maya. Compilación de textos: Popol Vuh, Memorial de Sololá, Libro de Chilam Balam de Chumayel, Rabinal Achí, Libro de los Cantares de Dzibalché, Título de los Señores de Totonicapán, Las historias de los Xpantzay, Códice de Calkiní. Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1980.
El mundo indígena admira el símbolo que personifica Tecún Umán.