«El obispo Marroquín —escribe Christopher H. Lutz, citando a Suárez y Aragón— era partidario del mestizaje como un medio para obtener un trato mejor para los indígenas. Sugirió a la Corona que a los españoles, especialmente los oficiales reales, se los debía obligar a casarse con mujeres indígenas para lograr ese fin» (Historia sociodemográfica de Santiago de Guatemala, traducción de Jeannie Colburn, Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica, Guatemala, 1984, notas, p. 323). No hay duda de que esta consideración da una idea del talante mostrado por este personaje, nacido en Taranzo, Santander, en fecha desconocida, y fallecido en Guatemala, el 9 de abril de 1563.
Vinculado inicialmente al obispo fray Juan de Zumárraga, siguió luego a don Pedro de Alvarado, con quien llegó a Guatemala en mayo de 1528. Primero ejerció como provisor y vicario general de la provincia, y desde diciembre de 1534 fue obispo de dicha diócesis. Por sus dimensiones sociales y políticas el plan de Marroquín para el desarrollo de Antigua fue mucho más allá del simple apostolado. Además de propiciar la edificación de templos y casas conventuales, impulsó el establecimiento de la catedral y la apertura de escuelas y colegios mayores. Asimismo, figuraba entre sus proyectos más ambiciosos una universidad para los guatemaltecos.
Siempre propugnó la educación de indígenas y mestizos. De hecho, aprendió el idioma quiché y redactó un catecismo en esa lengua. Cuando colaboró en la gobernación junto a don Francisco de la Cueva, defendió el establecimiento de nuevas leyes. Aunque las reformas no siempre se amoldaron a sus deseos, procuró, en la medida de sus posibilidades, el bienestar de esa doble república, española e india, que halla una modélica expresión en Antigua.
Francisco Marroquín.