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La Antigua Guatemala

31. Parroquia de Nuestra Señora de los Remedios

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La primera ermita de Nuestra Señora de los Remedios es casi tan antigua como la ciudad. De hecho, fue erigida al poco de mudar la localización de Santiago de los Caballeros al Valle del Panchoy. Gracias a una Real Cédula del 20 de julio de 1587, fue destinada cierta cantidad de fondos para la mejora del edificio. Enfrentándose a tan apasionante proyecto, Baltasar de Estévez comenzó las obras en 1575. Sin duda, no anduvo ajeno a este afán uno de los principales benefactores de Los Remedios, el obispo fray Gómez Fernández de Córdoba.

Esta visión artística y religiosa proporcionó a la ermita un mérito al que no quisieron sustraerse las autoridades eclesiásticas. Así, le otorgaron la categoría de parroquia en 29 de mayo de 1594. Por desgracia, este aspecto altamente positivo contrasta con una gestión lamentable, producto natural de las más molestas cualidades de la burocracia antigüeña en aquellos días. A pesar de este matiz desventajoso, el teólogo Antonio Vázquez de Espinosa escribió el elogio siguiente en su Compendio y descripción de las Indias Occidentales de 1620:

«A la otra banda de la ciudad adelante del convento de San Francisco, camino de la Ciudad Vieja está la iglesia de los Remedios, que es muy buena. La cual es ayuda de parroquia de la iglesia Mayor, sin las cuales por todos los lados de la ciudad en los arrabales, donde hay muchos pueblos pequeños de indios, hay más de veinte iglesias y ermitas, adonde les van a decir misa los domingos y días de fiesta, confesar y enseñar la doctrina cristiana los religiosos de los conventos que tienen a su cargo».

David L. Jickling, ed., La ciudad de Santiago de Guatemala por sus cronistas y viajeros, Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica, 1987, p. 13.

Los agustinos se hicieron cargo del templo a partir de 1625. Con la debida licencia, Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán destinó un buen número de ofrendas para completar la edificación entre 1679 y 1687. Y si a través de Vázquez de Espinosa conocíamos algún detalle en torno a la feligresía aborigen que pudo beneficiarse de esta obra, Christopher H. Lutz aclara que cada uno de los barrios indígenas ubicados en la periferia de Santiago tenía no sólo esta organización parroquial, sino su propio cabildo. Con todo, urge una aclaración:

«Mientras que en la mayor parte de la Guatemala española los gobernantes indígenas hereditarios habían ocupado los cargos del cabildo inmediatamente después de la conquista, este aspecto de política hispanizante fue retardado en Santiago y en el valle de los alrededores por la esclavitud indígena».

Historia sociodemográfica de Santiago de Guatemala, traducción de Jeannie Colburn, Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica, Guatemala, 1984, p. 118.

Desde un punto de vista infraestructural, la iglesia parroquial de los Remedios sufrió daños en 1717 y en 1751. También se vio afectada por una inundación de lodo en 1762, y aunque el terremoto de 1773 le causó deterioro, mantuvo sus actividades. Haciéndose eco de las comprobaciones llevadas a cabo por el teniente coronel Antonio Marín, Juan González Bustillo apuntaba en 1774 el estado en que se hallaba el complejo tras el citado seísmo:

«[La iglesia] se halla toda cuarteada, ofreciendo ruina, en que sustancialmente convienen los demás inteligentes: y por el citado testimonio de verdad del escribano Sánchez resulta que con los terremotos del 13 y 14 de diciembre cayó una buena parte del campanario, que mira al norte, y se venció por el medio la cumbrera del artesón, arrojando muchas tejas; las paredes quedaron cuarteadas, y del cimborrio cayó un considerable pedazo».

«Razón particular de los templos, casas de comunidades, de edificios públicos…», 16 de mayo de 1774, Apéndice en Julio García Díaz, Destrucción y traslado de la ciudad de Santiago de Guatemala, Facultad de Humanidades, Universidad de San Carlos de Guatemala, 1968, p. 65-66.

Tales palabras nos dan a entender cuáles fueron los objetivos que se propuso el equipo restaurador que en 1996 inició sus actividades en este templo gracias al Consejo Nacional para la Protección de la Antigua Guatemala.

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