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La Antigua Guatemala

37. Casa de los Leones

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Incierta como la de tantas otras casas es la historia de ésta que llaman de los Leones, y que para regocijo de lectores y poetas fue residencia de don Sancho Álvarez de las Asturias, a la sazón personaje de la obra Semilla de mostaza.

Situada en lo más luminoso de la calle del Arco, esta edificación adopta ese nombre zoológico gracias a los dos leones rampantes, que aún afilan sus garras sobre la puerta principal. El detalle, aunque hay quien afirma que proviene de un añadido posterior, merece no poca atención, dado que el rey de la selva es uno de los animales más frecuentados por la heráldica colonial.

Sobre el mismo escudo, Manuel Arias reflexiona en torno al carácter sincrético del león, a quien el especialista atribuye un claro matrimonio con alguna que otra criatura prehispánica. A ello no es ajeno el hecho de que otro gran depredador, el jaguar, protagonice la cosmogonía local como vigilante del mundo subterráneo. Por efecto de un simbólico cruce de especies, el majestuoso felino africano adoptó alguno de esos atributos.

«Dado que el león era desconocido en América, los artistas locales sólo sabían de su apariencia por grabados, y a menudo encontramos interpretaciones muy particulares, como cuando se asemeja a un gato o a un jaguar.»

Manuel Arias, «León», El país del quetzal. Guatemala maya e hispana, Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior, Madrid, 2002, pp. 374-375.

Como si en su arquitectura asumiese un parejo sincretismo, la casa también incorpora elementos que, en origen, procedían de otras construcciones. No obstante, conserva la disposición típica de los hogares coloniales, donde los salones van añadiéndose al plano en torno al centro que define un patio. Por otro lado, ha sido notablemente embellecida para convertirse en lo que hoy es, el Hotel Posada de Don Rodrigo. No en vano, al margen de los atractivos turísticos que conserva el inmueble, se advierten acá los efectos de la restauración que llevaron a cabo entre 1968 y 1971 Carlos e Isabel Dorión.

Según aclara Luis Morales Chúa, viejas casas como ésta, construidas a lo largo del siglo xvi, se someten a enmiendas y arreglos de acuerdo con lo dispuesto por el Consejo Nacional para la Protección de Antigua Guatemala. Ello favorece un criterio científico a la hora de remozar fachadas e interiores, atendiendo a lo que dispusieron los arquitectos que diseñaron su traza. Sin embargo, este afán proporciona un gran impulso al negocio inmobiliario, que monopoliza el comercio con este tipo de posesiones.

«Estos trabajos y la intervención de corredores de bienes raíces provocan un alza espeluznante en el valor de cada casa. Muchas de ellas son compradas en millones de quetzales, la devaluada moneda nacional que hoy está a una tasa de cambio de cinco por un dólar de los Estados Unidos.»

Luis Morales Chúa, «Antigua, ciudad de las perpetuas rosas», en Antigua, fotografías de Daniel Gluckmann, Ediciones de Cultura Hispánica, 1991, p. 18.

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