Al decir de Santiago Sebastián López, en la Guatemala del siglo xviii se mantuvo el influjo del tratadista Sebastiano Serlio, y por esa razón, la arquitectura local frecuentó una variedad caprichosa de soportes, ajenos al estípite que estaba en uso en la Nueva España. Entre los ejemplos mejores de esta variante serliana de la pilastra, cita el estudioso la portada de Santa Clara de Antigua (1734), y puesto a corroborar el aprecio por las soluciones manieristas, indica que la mencionada pilastra serliana aparece en la iglesia de la Escuela de Cristo (1730), en la ermita de Chiquimula y en la nicaragüense de Masaya. («Arte iberoamericano desde la colonización a la independencia», en Summa Artis, vol. XXIX, El arte iberoamericano del siglo xviii: El barroco tardío, Espasa Calpe, Madrid, 1985, p. 298). Por su belleza, nos interesa más el caso de la Escuela de Cristo, cuya historia y calidades hemos de explorar con mayor detalle.
Desde una perspectiva histórica, relatan los cronistas Pardo, Zamora y Luján que la ermita franciscana de la Vera Cruz acogió en 1664 un proyecto del padre Bernardino de Obregón y Obando, quien fundó en dicho espacio la iglesia habitualmente llamada Escuela de Cristo. Fue el papa Inocencio XI quien la instituyó canónicamente mediante la bula del 25 de mayo de 1683. A partir de 1689, la ermita se convirtió en Congregación de San Felipe Neri, lo cual fue confirmado por Clemente XI en 1704. Interrumpiendo una importante labor misional, los terremotos de 1717 resquebrajaron el templo y la casa conventual. No obstante, ambos quedaron reedificados en 1730. (José Joaquín Pardo, Pedro Zamora Castellanos y Luis Luján Muñoz, Guía de la Antigua Guatemala, Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, Editorial José de Pineda Ibarra, Guatemala, 1969, pp. 189-190).
Un detalle importa destacadamente a los especialistas, y éste no es otro que el material con el cual está elaborado el templo: la piedra. Como veremos a continuación, ello incide en la datación precisa del recinto.
«La arquitectura guatemalteca reserva sus recursos decorativos para las fachadas, en las cuales el mortero de mezcla enjalbegada y enlucida de yeso y estuco coloreado crea un frente de gran visualidad. En Antigua sólo dos iglesias, la de la Escuela de Cristo y las Capuchinas, son de piedra. La ductibilidad de la argamasa es la que hace que resulte difícil datar exactamente la fábrica de un edificio cuya estructura anterior ha sido recubierta con enmascaramiento o “maquillaje” del artífice que renueva un edificio después de haber sufrido éste daños por causa de un terremoto.»
Antonio Bonet, «Ciudad y arquitectura en Guatemala. Siglos xvi, xvii y xviii», El país del quetzal. Guatemala maya e hispana, Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior, Madrid, 2002, p. 127.
Añadamos que, además de esa fachada renacentista de piedra, el templo de la Escuela de Cristo cuenta en su interior con valiosas obras de talla colonial.