Consultada la bibliografía en torno al convento de Capuchinas, vemos que Santiago Sebastián López lo juzga el monumento más extraño de cuantos existen en Guatemala. Para contextualizar esta valoración, el tratadista recorre las tres partes que integran el complejo: la iglesia conventual, el claustro y la Torre del Retiro, llamada también claustro de Novicias. Según cabe leer en su estudio, la Orden de las Capuchinas, con sede en Madrid, pidió a Su Majestad en 1720 que autorizase su establecimiento en Antigua. Hasta 1725 no fueron otorgados los correspondientes permisos, un año antes de la llegada de las monjas. Si bien convento e iglesia quedaron consagrados en 1736, no tardaron en surgir las primeras anomalías en la edificación, lo cual recomendó muy pronto arreglos y reparaciones. Por otro lado, la Torre del Retiro es anterior al convento, al que se incorporó posteriormente. Dadas esas y otras peculiaridades,
«este modelo de claustro no se encuentra en la tipología conventual capuchina, y parece estar inspirado en el plano que dio Filiberto de L’Orme para un convento de religiosas de Montmartre, y que publicó en su libro Nouvelles inventions pour bien bastir et á petits fraiz, París, 1561».
«Arte iberoamericano desde la colonización a la independencia», en Summa Artis, vol. XXIX, El arte iberoamericano del siglo xviii: El barroco tardío, Espasa Calpe, Madrid, 1985, p. 297.
En lo que toca a las especificidades del edificio, conviene recalcar la sólida fábrica de la iglesia, construida:
«con grandes dovelas de piedra con amarres de hierro, así como la buena disposición de sus bóvedas y subterráneos, y con sus amplias azoteas, desde las cuales pueden contemplarse los más bellos paisajes sobre el oriente de la ciudad».
José Joaquín Pardo, Pedro Zamora Castellanos y Luis Luján Muñoz, Guía de la Antigua Guatemala, Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, Editorial José de Pineda Ibarra, Guatemala, 1969, pp. 221-222.
Asimismo, hay en el patio conventual una fuente, pero es moderna y no guarda relación con la antigua fuente que ocupaba el mismo espacio. Sin embargo, el eficaz sistema de agua corriente que cruza el edificio lleva a Luis Luján Muñoz a destacar «la importancia que la arquitectura hidráulica debió de tener en ese convento» (Fuentes de Antigua Guatemala, Consejo Nacional para la Protección de la Antigua Guatemala, Editorial José de Pineda Ibarra, 1977, p. 30).
Los seísmos de 1773, tan citados y repetidos cuando se menciona la ruina de la ciudad, trataron muy agresivamente el convento y a su templo.
«En el de Capuchinas escribe Juan González Bustillo en su informe, dice el ingeniero [teniente coronel Antonio Marín], que halló su iglesia bastante cuarteada y parte arruinada y todo lo interior del convento totalmente derribado».
«Razón particular de los templos, casas de comunidades, de edificios públicos…», 16 de mayo de 1774, Apéndice en Julio García Díaz, Destrucción y traslado de la ciudad de Santiago de Guatemala, Facultad de Humanidades, Universidad de San Carlos de Guatemala, 1968, p. 74.
A pesar de estos destrozos, el tiempo ha corrido a favor de este edificio, que hoy sirve de sede al Consejo Nacional de Protección de la Antigua Guatemala.