«El modelo ideal de la ciudad colonial hispanoamericana como fue concebida por la ley española a principios del siglo xvi, se componía de dos grupos de población: un grupo español que vivía en el centro del damero urbano, en torno a la plaza central, donde estaban los principales edificios de las autoridades civiles y eclesiásticas, y un sector indígena establecido en la periferia, en barrios separados y a menudo autónomos.»
C. H. Lutz, Historia sociodemográfica de Santiago de Guatemala, Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica, Guatemala, 1984, p. 200.
Aunque este retrato se corresponde con un periodo histórico muy concreto, lo cierto es que podemos concretar la evolución de las instalaciones municipales en el entorno del grupo español que se hizo cargo de la fundación de la ciudad. De hecho, según recoge en su estudio Elizabeth Bell, la primera sesión del cabildo de la Ciudad de Santiago de Guatemala se llevó a término el 10 de marzo de 1543 en la Casa del Cabildo o Casas Consistoriales. Por razones obvias, se desconoce casi todo acerca del primer edificio donde se ubicó el gobierno municipal. Fue en 1740 cuando se inició la realización de un nuevo edificio. Finalmente, tres años más tarde y con la pompa necesaria en estos casos, se procedió a la inauguración de la sede que hoy conocemos. Su traza, debida a Diego de Porres, fue lo suficientemente eficaz como para resistir los seísmos de 1751 y 1773 (La Antigua Guatemala: La ciudad y su patrimonio, Impresos industriales, 1999, pp. 37-38).
Contemplando la fachada del Ayuntamiento, dice Aguilera Rojas que reúne cualidades traídas desde la metrópoli en el siglo xvi. Estos usos arquitectónicos, habituales en otros rincones de Iberoamérica, se concretan en detalles peculiares. Por ejemplo, el arquitecto
«ha levantado un doble pórtico de piedra de diez vanos sobre gruesas columnas, cuyas estrías se continúan en los arcos de sección semicircular. Se aprecia en estos detalles la influencia de los modelos de las Catedrales de México y Puebla».
«Antigua. Centro cívico y universitario», en Javier Aguilera Rojas, Antigua. Capital del Reino de Guatemala, Secretaría de Estado de Cultura, Madrid, 2002, p. 158.
Hablando de esa solidez comentada por Bell, Aguilera menciona el tratamiento abovedado que permitió al edificio resistir los temblores de 1773. De poco sirvió, puesto que el traslado capitalino supuso el abandono del palacio. A partir de ahí, los avatares de esta construcción siguieron un rumbo más favorecedor.
Tras beneficiarse en 1853 de una restauración, debida al corregidor José María Palomo y Montúfar, el área de la prisión colonial sirvió para que en ella se fundara en 1956 el Museo de Santiago o Museo de Armas de la Ciudad. Hasta 1976 el resto del palacio admitió las sesiones del gobierno local, y aún siguen en uso las oficinas y el Concejo Municipal.