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La Antigua Guatemala

Las gentes de La Antigua (1 de 4)

A modo de ejemplo en lo que a mestizaje étnico e hibridación cultural concierne, viene al caso abrir este apartado con un detalle literario que conocemos por boca de Alfonso Lacadena. Se refiere a los Anales de los cakchiqueles, o mejor dicho, a sus autores.

«Estos son Francisco Hernández Arana y Francisco Díaz, quienes se suceden en la composición del texto tras la muerte del primero en 1582. Pese a la castellanización del nombre y los apellidos, los autores son indígenas, del importante y antiguo linaje de los Xahil, una de las parcialidades en que se dividía antiguamente la etnia cakchiquel.»

Alfonso Lacadena, «Anales de los cakchiqueles», El país del quetzal. Guatemala maya e hispana, Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior, Madrid, 2002, p. 349.

Añade el autor que los autores eran conscientes de pertenecer a un pueblo antiguamente poderoso, y que tal sentimiento empapa cada línea del documento. Conmemorando ese mismo orgullo, los antigüeños ennoblecidos por dicha ascendencia exhiben aún el orgullo de su legado. Como ya hemos citado en otros rincones de esta muestra, la traducción fue una actividad esencial para conservar una herencia semejante. No en vano,

«dentro de la política seguida en Indias por las órdenes religiosas sobre la evangelización de los indígenas en sus propias lenguas, se necesitó disponer de material lingüístico para el aprendizaje de las mismas. Parte fundamental de este material eran las artes y gramáticas con descripciones de las lenguas, así como los vocabularios».

Alfonso Lacadena, «Sermones sobre las excelencias y alabanzas de los misterios y festividades de la Santísima Virgen, Reina de los Ángeles, María, compuesto y traducidos en lengua cakchiquel», op. cit., p. 351.

A otro nivel, es preciso atribuir a historiadores y arqueólogos la sagacidad en el estudio de las poblaciones que habitaron Guatemala antes de la conquista. Como fruto del proyecto colonial, Antigua Guatemala exige una combinación de dichos análisis con los derivados de crónicas y registros, atribuibles en buena medida a clérigos y funcionarios municipales. Por supuesto que aquí se impone una aclaración que Nancy M. Farriss formuló claramente:

«Si los indígenas y los españoles hubieran vivido la época colonial completamente aislados los unos de los otros, el análisis del contexto colonial acabaría aquí. La división no fue, sin embargo, tan precisa y nítida. En primer lugar, la sencilla dicotomía entre indígenas y españoles se complicó con la llegada de los negros, y se embarulló enormemente con la aparición de las diversas combinaciones de cruces. En segundo lugar, la división geográfica entre ciudad española y campo indígena nunca fue categórica. Había puntos de contacto más allá de la jerarquía formal de las disposiciones políticas. (…) Desde los primeros días que siguieron a la conquista, la separación territorial de las castas se vio socavada por la necesidad de mano de obra maya en los centros urbanos».

Nancy M. Farriss, La sociedad maya bajo el dominio colonial. La empresa colectiva de la supervivencia, versión española de Javier Setó y Bridget Forstall-Comber, Alianza Editorial, 1992, p. 170.

Si se tiene la curiosidad de comprobar lo señalado por Farriss, cabe echar un vistazo a lo descrito por autores como Fray Alonso Ponce, quien fue Comisario General de los Franciscanos en 1586. Explica Ponce que:

«los indios de aquella guardianía son pocos, y entre ellos hay algunos mexicanos, los demás son guatemaltecos, que por vocablo más particular se llaman cakchiqueles. Hay en aquella ciudad labradores muy gruesos que cogen gran suma de trigo en las laderas de las tierras de aquel valle, y dan al convento de limosna, cada año, unos a veinte y otros a treinta y más fanegas de trigo».

David L. Jickling, ed., La ciudad de Santiago de Guatemala por sus cronistas y viajeros, Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica, 1987, p. 6.

Ni que decir tiene que ese vínculo, cada vez más trabado, entre la población local y los españoles rebosa de los más grandes prejuicios, por más que el mestizaje nos sirva acá de instrumento para analizar la fundación de una nueva realidad étnica.

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