Bajo la jurisdicción literaria de Menéndez y Pelayo, más de una vez solicitada en estas páginas, repasamos su Historia de los heterodoxos españoles en busca del ilustre polígrafo que fue Nebrija. Como bien señala don Marcelino, «si el Nebriense, andaluz y todo, no hubiera puesto pendón y abierto tienda (como él mismo dice), desarraigando de toda España los Galteros, Ebraldos, Pastranas y otros… apostizos y contrahechos gramáticos, ni hubiera venido aquí tan pronto el Renacimiento ni Juan de Valdés, a pesar de su orgullo toledano, hubiera pensado en escribir de gramática, a no habérsele anticipado aquél que de sí propio dijo: «Yo quise echar la primera piedra e hacer en nuestra lengua lo que Zenodoto en la griega e Crates en la latina, los cuales, aunque fueron vencidos de los que después dellos escribieron, a lo menos fue aquella su gloria, e será nuestra, que fuimos los primeros inventores de obra tan necesaria». ¿De dónde, sino de Nebrija, tomó nuestro autor el capital principio de que «en una lengua no se ha de escribir de una manera y pronunciar de otra?» (en José M.ª Sánchez de Muniain, Antología general de Menéndez Pelayo. Recopilación orgánica por materias, tomo I, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1956, p. 599).
Evocando la doctrina de Terencio «Nada de humano me es ajeno», podemos describir en pocas líneas a ese erudito que fue bautizado Antonio Martínez de Cala y Jarava. Nacido en Lebrija en 1444 y muerto en 1522 en Alcalá de Henares, el autor de la primera gramática de la lengua castellana dedicó sus primeros años a los estudios, en Salamanca e Italia. En Bolonia fue becario del Colegio Español de San Clemente, y probablemente en sus aulas acopió la benéfica influencia del humanismo petrarquista.
Además de recibir las enseñanzas del gramático Martino Galeoto, el joven recibió una formación integral, nutrida de saberes como la Teología, el Derecho y la Medicina.
A su vuelta, adoptó el sobrenombre de Elio, y le añadió como apellido Nebrija, recordando cómo llamaban los latinos a su Lebrija natal: Nebrissa Veneria. Después de actuar como maestro del sobrino de Alonso de Fonseca, arzobispo de Sevilla, resolvió dedicarse a la enseñanza, y dio muestras de su talento en este ámbito cuando llegó a la Universidad de Salamanca. En 1476 ocupó la cátedra de Gramática y en 1481 publicó sus Introductiones latinae. Gracias al apoyo decidido de Juan de Zúñiga, elaboró el Diccionario latino-español (1492), el Vocabulario español-latino (1495) y su famosa Gramática de la lengua castellana (1492). A la par que investigaba sobre esta materia, avaló su condición de polígrafo aproximándose a saberes como la Astronomía, en torno a la que redactó su In Cosmographiae libros introductorium (1499).
En 1505 regresó a Salamanca, donde acabó perdiendo una cátedra que antes había ganado mediante oposición. Tras ser nombrado cronista real, volvió a opositar en la misma ciudad, obteniendo finalmente la cátedra de Retórica. Entre 1514 y 1522, animado por la relación que le unía a Cisneros Nebrija se vinculó a la Universidad Complutense, participando en el proyecto de editar la Biblia Políglota. Si bien acabó distanciado de este plan, continuó dictando sus lecciones a los estudiantes de la villa. Sus Reglas de Orthographía en la lengua castellana fueron publicadas en 1517.
Con Juan Luis Alborg, bien puede afirmarse que «como todos los grandes humanistas de su tiempo, Nebrija, convencido de que un filólogo o gramático debe poseer conocimientos enciclopédicos, aspiró a formarse una visión completa del Universo, y por eso trabajó en las materias más diversas: Teología, Derecho, Ciencias Naturales, Cosmografía y Geodesia. Escribió numerosas y notables obras: las Quinquagenae, sobre filología bíblica; el Lexicon iuris civilis, sobre derecho; las Antigüedades de España, sobre arqueología (Nebrija fue el primero que exploró las ruinas romanas de Mérida); De liberis educandis, sobre pedagogía; libros de retórica y de historia, etc.» (Historia de la literatura española, Tomo I, Edad Media y Renacimiento, Madrid, Gredos, 1970, p. 519).
Retrato de Elio Antonio de Nebrija.