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Alcalá de Henares

Diego Laínez

Como biógrafo, el padre Pedro de Ribanedeyra (1527-1611, es autor de biografías notables, entre las cuales hallamos títulos tan atractivos en su género como la Vida de San Ignacio (1572), la Vida de San Francisco de Borja y la del Padre Diego Laynez, que, al decir de Juan Luis Alborg «no son profundos estudios psicológicos, y ni siquiera podríamos decir que frías y objetivas exposiciones de hechos; no es que falseen: lo que queremos decir es que están dictadas por el entusiasmo que al escritor le inspiran sus protagonistas y la misión que desempeñan.» (Historia de la literatura española, Tomo I, Edad Media y Renacimiento, Madrid, Gredos, 1970, p. 1005). Un entusiasmo que, ciertamente, en el caso del padre Laínez es más que comprensible. Veamos por qué.

Nacido en la localidad soriana de Almazán, en 1512, y muerto en Roma, en 1565, el teólogo Diego Laínez ha pasado a la historia de las ideas por sus aportaciones, tan decisivas como divulgadas, al Concilio de Trento. Tanto en las crónicas en torno a su vida como en sus obras podemos constatar un cálculo intelectual muy afinado, que servía de complemento a la espiritualidad apasionada que caracterizó sus acciones. En suma, hallamos en él a un digno representante del pensamiento de la época, aún más refinado si se advierte el medio en el cual cultivó ese talento.

Laínez completó sus estudios de filosofía en las aulas de la Universidad de Alcalá de Henares. A continuación, viajó hasta París para seguir en su comunidad universitaria los estudios de Teología, alcanzando el grado de Doctor. Fue precisamente en la capital francesa donde tuvo la oportunidad de entrar en contacto con San Ignacio de Loyola. En lo sucesivo, las biografías de ambos tendrán numerosas aproximaciones. Por ejemplo, en 1534 hicieron juntos los votos en la Iglesia de Montmartre. Luego Diego se trasladó a Roma, donde recibió la ordenación sacerdotal en 1537.

Su cercanía a Ignacio fue tan intensa que acabó sucediéndolo como general de la Compañía de Jesús en 1556. En el terreno docente, sabemos que el clérigo erudito dio clases de Teología en la Universidad romana de la Sapientia, y que participó como teólogo en las sesiones del Concilio de Trento. Su dignidad en la Compañía y estas últimas tareas condicionaron el hecho de que no volviese a España, permaneciendo en Roma hasta el fin de sus días. A fines del siglo xix, sus textos fueron reunidos en dos colectáneas: Disputationes tridentinae y Disputationes variae ad Concilium Tridentinun spectantes, Oeniponte.

Retrato de Diego Laínez

Retrato de Diego Laínez.

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