Nacido en 1505, este arquitecto español mantuvo una incesante y fructífera actividad hasta su muerte, ocurrida en 1577. En buena medida, su evolución viene a resumir la pujante arquitectura renacentista española, y su estilo, plasmado singularmente en la fachada de la Universidad alcalaína, organiza una tendencia que otros autores imitaron. Con todo, cabe hablar en este caso de la estirpe que impulsó su vocación, pues Rodrigo aprendió el oficio de su progenitor, el arquitecto Juan Gil de Hontañón. De él recibió las habilidades propias de la tradición gótica, expresadas en una trayectoria conjunta que incluye conjuntos como los de la Catedral de Valladolid (1527).
Desde 1533, Gil de Hontañón ejerce su profesión en solitario. De esa fecha es la Colegiata de Santa María, construida en Villafranca del Bierzo, cuya estética ya delata motivos platerescos. Cuatro años después, se traslada a Santiago de Compostela, y allí participa en la edificación de la Catedral, para la que diseña las fachadas que dan a la Plaza de las Platerías. Poco después, precedido ya por una notable fama, interviene en los proyectos que condujeron a la construcción de las catedrales segoviana y salmantina. Instalado en Salamanca, Gil de Hontañón comparte con fray Martín de Santiago los trabajos arquitectónicos del Palacio de Monterrey.
Como ya quedó apuntado, también dirige Hontañón las obras de la fachada plateresca de la Universidad de Alcalá de Henares. A esa etapa de madurez, cada vez más próxima al estilo herreriano, pertenecen otras dos notables creaciones, la Catedral de Plasencia y la Iglesia jesuítica de San Luis, situada en Villagarcía de Campos.
Detalle de la fachada del Colegio Mayor de San Ildefonso, realizada por R. Gil de Hontañón.